La llegada del verano trae consigo temperaturas ambientales altas, superiores a los 30ºC, una elevada humedad y la exposición directa al sol. Condiciones que, si no se adoptan las medidas preventivas adecuadas, pueden conllevar problemas relacionados en los más pequeños. El golpe de calor es un precio alto que se puede pagar cuando cada año se registran más olas de calor y los niños son especialmente vulnerables. ¿Cómo se pueden detectar las señales de alerta? ¿Qué debe hacerse ante un golpe de calor? No se trata de pequeñas preocupaciones, sino de dilemas reales. La buena noticia es que con estrategias proactivas y la información clara se puede evitar.
Golpes de calor en niños: ¿por qué se producen?
El golpe de calor parte de una excesiva elevación de la temperatura corporal durante la exposición a altas temperaturas, lo que favorece la deshidratación. Se trata, por tanto, de una urgencia extrema, especialmente para determinados grupos de población, como las mujeres embarazadas, las personas mayores, las que tienen enfermedades crónicas o respiratorias y los niños.
“Los niños son más susceptibles a las complicaciones que pueden aparecer ante la exposición a altas temperaturas, sobre todo el golpe de calor, porque tienen menos reserva de agua y menos capacidad de transpiración y sudoración”, afirma la Doctora Tamara Carrizosa, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario General de Villalba.








