Con la llegada del verano, los golpes de calor se han convertido en un problema creciente de salud pública. Solo entre mayo y julio, se han registrado 1.180 muertes atribuibles a las altas temperaturas, según datos del Ministerio de Sanidad. La cifra representa un aumento de más del 900% en comparación al mismo periodo de 2024, en el que se registraron 114 fallecimientos.

Aunque el golpe de calor no es una enfermedad en sí misma, sus síntomas pueden ser graves, especialmente a nivel neurológico, por lo que requieren atención inmediata. Se trata de una condición médica se produce cuando la temperatura corporal se eleva de manera rápida y el cuerpo no logra regularla adecuadamente, lo que puede provocar daños graves en órganos vitales.

Puede ocurrir, ya sea por un exceso de calor acumulado en el organismo —la clásica hipetermia o insolación— o también en espacios cerrados y mal ventilados. Con el cambio climático, las olas de calor ya no se limitan a julio y agosto. Se han registrado episodios extremos incluso en mayo o septiembre.

El cuerpo humano solo tolera con seguridad pequeñas variaciones térmicas. Las temperaturas por debajo de los 30 grados o por encima de los 40 grados pueden provocar alteraciones en el funcionamiento del organismo. Por este motivo, conocer los síntomas, saber cómo actuar y sobre todo prevenir es fundamental para evitar consecuencias fatales durante los meses más calurosos del año.