El saltador de longitud y el mediofondista lideran una buena entrada en competición del atletismo español

Miltiadis Tentoglou alegremente despeluzado, ojos dormilones, salta como los ángeles (8,26m); el cabello abundante, primoroso corte, de Mattia Furlani, se eriza espantado cuando cae tras su primer salto, desequilibrado y chillando, el isquio de su muslo derecho quebrado, y Eusebio Cáceres, maestro de todo, y un niño de nuevo, vuela con el viento (+3,1) que le empuja en el aire como haría con una cometa después de una batida perfecta, muy ajustada, salta 8,24m y exclama: “Cuando ya tienes 35 años te dicen que el resto de tu vida de atleta es un regalo, pero para mí es un nuevo comienzo”. Luego, carga su mochila y se marcha de la pista charlando alegre con el griego, doble campeón olímpico y favorito para sumar un cuarto título europeo a los dos olímpicos y al mundial que ya ha ganado.

En la final (martes, 20.16) se encontrará con dos españoles más, el catalán Jaime Guerra (8,12m, +2,7) y el alcarreño Lester Lescay (8,03m, solo +0,9 de viento: su pasillo de salto estaba pegado a las gradas del Alexander Stadium, una hectárea de hierba fresca y verde en medio del paisaje de secarral manchego, hierba pajiza como rastrojos de cereal, que domina la siempre verde, antes, Birmingham). Por primera vez en la historia, tres españoles en una final europea de longitud.