Attaoui, Arroyo, Llopis y el saltador alicantino, contra los mejores del mundo bajo techo en los campeonatos que se disputan de viernes a domingo
España es una ebullición de talentos nacidos con el siglo, Moha Attaoui, Quique Llopis, Rocío Arroyo, felices con el atletismo de ahora y un viejo, Eusebio Cáceres, que ya tiene 34 años, al que algunos podrían llamar cascarrabias, cuando es simplemente la memoria más humana del atletismo, un cierto sentido común, pies en tierra y alma en vuelo en medio del vértigo. Ellos, y 18 más, serán la selección española en el Mundial de atletismo en pista cubierta,
-y-moha-attaoui-se-confirman-en-valencia-como-la-esperanza-de-espana-para-el-mundial-de-torun.html" data-link-track-dtm=""> de este viernes al domingo, en la antigua Torun, gótico de ladrillo junto al Vístula asombroso en mitad de la llanura inmensa de la Pomerania polaca, y sus perritos chillones.
Cáceres llega a la competición gracias a un salto de 8,19m. Es el mejor suyo en 13 años (borrando dos conseguidos en altura). Es un logro magnífico con su vuelo de tres pasos y medio en el aire que, quizás, no le valga para competir con una nueva generación que llega exuberante y frenética: el gigantesco búlgaro Bozhidar Saraboyukov (21 años, 8,45m), el saltarín italiano Mattia Furlani (21 años, 8,39m) o el portugués Gerson Baldé (26 años, 8,32m). Pero, quizás a su pesar, quizás porque no tenga más remedio, Cáceres, de Onil, Alicante, como el decatleta y amigo Jorge Ureña, lesionado, suele llevar la contraria al universo. Tan fatalista, pero con una ironía enternecedora que desarma, el saltador de longitud deja en falsas proclamas a los grandes novelistas que narran una y otra vez la imposibilidad de volver a casa indemne de aquellos que abandonan el hogar para buscar la vida.






