(Desde San Pablo).-Experto en las negociaciones, el presidente Lula da Silva busca ahora una reaproximación con Donald Trump, después de más de dos meses de una continua tirantez entre ambos. En un discurso de ayer en Taboao da Serra, un muncipio del área metroploitana de San Pablo, el jefe del Palacio del Planalto llamó a su colega americano de “amigo”, una definición de buena onda que hacía tiempo no utilizaba. En el origen del enfado entre los mandatarios hay causas económicas, políticas y diplomáticas. Las primeras se refieren a los sobre aranceles (de 25%) impuestos por la Oficina del Representante Comercial (USTR) sobre bienes de Brasil, que trabó una gran parte de las exportaciones brasileñas al gran mercado estadounidense. En lo político, hubo dos hechos que perturbaron las relaciones diplomáticas entre las “grandes democracias de América”, al decir de Lula. El último episodio fue agresivo: la Casa Blanca revocó la visa de la embajadora brasileña Maria Luiza Ribeiro Viotti y, según Trump, la medida fue una réplica a la demora del Planalto e Itamaraty en dar el “placet” al diplomático Daniel Perez, cuya designación fue aprobada recién el jueves pasado por el Capitolio, para comandar la embajada del país en Brasilia.