Tradición latente, graves decires de aguda intuición

El gaucho Juan Moreira cabalgaba las pampas bonaerenses sobre un caballo bayo acompañado por su perro Cacique y vestido con el poncho que dejaba ver el facón, obsequio de Adolfo Alsina. Entre 1870 y 1874 fue perseguido por la policía hasta que, en la pulpería La Estrella de la actual ciudad de Lobos, el sargento Chirino lo hirió por la espalda cuando intentaba escapar saltando el paredón del lugar tras una ardua pelea contra treinta uniformados.

Durante las últimas décadas del siglo XIX, la provincia de Buenos Aires hervía entre disputas políticas. Nacionalistas y Autonomistas, conocidos popularmente como “crudos” y “cocidos”, se enfrentaban bajo los liderazgos de Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina. En ese escenario, y en medio de esos vaivenes, transcurrió la vida de este gaucho perseguido, cuya historia personal reflejó la de tantos hombres del campo abusados por el poder y la justicia de su tiempo.

Hoy, aquella figura se ha transformado en un símbolo folclórico y auténtico que despierta curiosidad, simpatías y también controversias. En los pueblos bonaerenses que recorrió, Moreira vive en la memoria colectiva: en documentos históricos, en relatos transmitidos de boca en boca, en escenarios naturales que parecen detenidos en el tiempo.