La verdadera pregunta era qué tipo de cultura logra que, más allá del trabajo, la amistad permanezca. 10 de agosto, 2026 - 09h30“El trabajo es solo trabajo. No esperes hacer amigos allí”: entiendo por qué muchas personas lo creen. A veces basta una mala experiencia para pensar que la competencia, la ambición o una oportunidad de crecimiento terminan cambiando una relación profesional. Y, sin embargo, algunas de las amistades más importantes de mi vida nacieron donde muchos aseguran que es imposible encontrarlas: en el trabajo.En más de tres décadas de carrera tuve la fortuna de formar parte de equipos extraordinarios. No creo que haya sido casualidad. Tampoco fue porque todos pensáramos igual o porque nunca hubiera desacuerdos. Hubo momentos difíciles, decisiones incómodas y oportunidades que, naturalmente, no podían ser para todos. Quizás una de las diferencias estaba precisamente ahí: podíamos competir por una oportunidad sin convertirnos en competidores permanentes. Entendíamos, aunque nunca lo dijéramos de esa manera, que aspirar a crecer no requería disminuir a quien estaba al lado.No recuerdo una conversación en la que alguien dijera que el equipo debía estar por encima de los intereses individuales. Nunca hicimos un pacto. Simplemente era la manera en que trabajábamos. Esa forma de trabajar terminó creando nuestra cultura: una basada en el alineamiento, la confianza y un compromiso genuino con los resultados. PublicidadCon el tiempo entendí que buena parte de una cultura se construye precisamente así: en pequeñas decisiones que rara vez aparecen en una presentación. En cómo reaccionamos ante el éxito de otro. Todos queríamos crecer, destacar y asumir nuevas responsabilidades. Y, sin embargo, el éxito de una persona nunca se sentía como la derrota de otra. Eso no eliminaba la ambición. Probablemente la hacía más saludable. Podíamos querer la misma oportunidad y seguir deseándonos el bien. Parece sencillo cuando se escribe. En la práctica, no siempre lo es.A medida que avanzábamos en nuestras carreras, el camino se hacía más estrecho. Había menos posiciones, menos oportunidades y, en teoría, más razones para competir. Fue entonces cuando más evidente se hizo la fortaleza de esos equipos. Porque es relativamente fácil hablar de compañerismo cuando los intereses no chocan. Es mucho más difícil sostenerlo cuando dos personas igualmente capaces aspiran a una oportunidad que solo una puede recibir.PublicidadPublicidadRecuerdo celebrar las promociones de mis compañeros con una alegría. Y cuando las oportunidades llegaron para mí, encontré exactamente la misma felicidad del otro lado. Nunca sentí que alguien estuviera perdiendo porque otro estuviera creciendo.Con los años llegaron los cambios de empresa, los nuevos cargos y las mudanzas. Con ellos también llegaron muchos de los momentos más importantes de nuestras vidas. Y seguimos compartiéndolos como amigos. Las trayectorias cambiaron. Las amistades permanecieron. Curiosamente, nunca fue necesario hablar de dónde terminaba la relación profesional y dónde comenzaba la amistad. Ambas convivían con naturalidad. Eso tampoco significaba confundir los roles. La amistad no eliminaba la responsabilidad profesional ni la responsabilidad profesional obligaba a poner distancia entre nosotros. Quizás habíamos aprendido algo más sencillo: se puede cuidar una relación y, al mismo tiempo, decir la verdad.La confianza no consistía en evitar conversaciones difíciles, sino en saber que una conversación difícil no ponía en riesgo la relación.Creo que eso solo ocurre cuando existe una confianza construida durante años, un propósito compartido y un compromiso genuino con los resultados. Y posiblemente también cuando existe suficiente madurez para entender que apoyar a alguien no significa estar siempre de acuerdo con esa persona.Hoy muchos de nosotros trabajamos en empresas distintas y seguimos caminos que probablemente nunca volverán a cruzarse profesionalmente. Y, sin embargo, la alegría por los logros del otro sigue siendo auténtica. Eso me hace pensar que la verdadera pregunta nunca fue si podían nacer amistades en el trabajo. La verdadera pregunta era qué tipo de cultura logra que, más allá del trabajo, la amistad permanezca. (O)PublicidadÁlex Torres Espinoza, director de operaciones, SamborondónPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?