Actualizado Lunes,

agosto

11:16La playa del Trampol�n en Ceuta se ha transformado en un hogar improvisado para aproximadamente 1.500 inmigrantes que se encuentran a la espera de una soluci�n a su situaci�n. Esta situaci�n surge debido a la sobresaturaci�n del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), incapaz de absorber a todas las personas que permanecen en la ciudad tras la masiva entrada del pasado 30 de julio.La estampa de la playa dista mucho de su uso habitual, mostrando ahora unas veinte chozas construidas artesanalmente con ca�as, ramas, pl�sticos y telas para protegerse del sol y crear un espacio propio. Estas estructuras, que var�an en tama�o para albergar desde pocas personas hasta grupos de diez a quince, son fr�giles pero evidencian que la estancia se est� prolongando m�s de lo previsto. Dentro y alrededor de ellas se acumulan las pertenencias, convirti�ndolas en lugares para dormir, descansar y guardar sus enseres.La poblaci�n de este asentamiento es diversa, aunque la mayor�a (80%) son subsaharianos, incluyendo un grupo de unos 150 sudaneses. Tambi�n hay inmigrantes de nacionalidad marroqu�, argelina, yemen� y tunecina.En un notable esfuerzo por la convivencia, un grupo de unos 150 sudaneses ha comenzado a organizarse voluntariamente para recoger residuos y mantener limpia la playa. Quienes participan en esta tarea consideran que, a pesar de ser una situaci�n provisional, el lugar se ha convertido en su hogar y desean mantenerlo en las mejores condiciones posibles.Para atender la emergencia, en la explanada cercana se han instalado diez ba�os, unas treinta duchas y puntos de agua, junto con trabajos de electricidad y alumbrado. Cruz Roja mantiene diariamente el reparto de alimentos y la atenci�n sanitaria, con apoyo policial.Las chozas sobre la arena son la imagen m�s evidente de esta transformaci�n. No est�n destinadas a ser permanentes, pero sus ocupantes las est�n mejorando mientras esperan abandonar la playa, en un intento de hacer habitable un lugar en el que, por ahora, les ha tocado vivir.Ceutainmigraci�nArt�culos EL MUNDO