José Manuel Rincón |

Ceuta (EFE).- La playa del Trampolín de la ciudad española de Ceuta, fronteriza con Marruecos, es en los últimos días el improvisado hogar de alrededor de 1.500 inmigrantes que, sin espacio en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), sobresaturado, permanecen ahí mientras esperan una salida a su situación.

Son inmigrantes que formaron parte de la entrada masiva a nado desde Marruecos hasta la ciudad española el pasado 30 de julio, en la que participaron unas 72.000 personas, aunque la inmensa mayoría retornó a su lugar de origen.

El 80 % de las personas que están en el Trampolín son subsaharianos y entre ellos hay un grupo de unos 150 sudaneses que comenzó a organizarse por su cuenta para mantener limpia la zona en la que viven.

La estampa que ofrece actualmente el arenal poco tiene que ver con la de una playa utilizada únicamente como lugar de paso. Sobre la arena se levanta alrededor de una veintena de chozas, construidas artesanalmente por los inmigrantes con las cañas, ramas y otros materiales del entorno para protegerse del sol y disponer de un espacio propio.