Lo que queda de la pasarela de madera que recibía a los bañistas en la playa de El Trampolín parece dividir en dos el distinto futuro que les espera a los inmigrantes que se resisten a abandonar Ceuta tras cruzar en avalancha la frontera hace dos semanas.Al lado derecho, una hilera de antidisturbios va organizando en grupos a jóvenes marroquíes que se han acercado en busca de la ración diaria de comida que reparte Cruz Roja. Algunos llevan esperando horas, con cartones de leche en sus caras para protegerse del sol. Saben, por lo que están viendo entre sus compatriotas, que más temprano que tarde serán expulsados de España.Al otro lado de la pasarela, son cientos, quizá un par de miles, los subsaharianos que han convertido la playa en un auténtico campamento, en el que da la sensación de que la vida va despacio, pese a la emergencia humanitaria que sufren. Migrantes que guardan, como oro en paño, su documentación con el sello de su país, del que han huido: la clave para lograr el asilo.Estos saben que su devolución no será exprés. Por eso, el lado izquierdo de la playa de El Trampolín tiene cada vez más pinta de hogar. Aunque sea infrahumano.Mohamed Latif, que nació hace 27 años en la ciudad portuaria de Larache, a 100 kilómetros de Tetuán, se mueve como pez en el agua entre “amigos” subsaharianos. Como si el camuflarse entre ellos le fuese a servir de salvoconducto para lograr la protección internacional. Desde que entró el pacto europeo de migración Marruecos se encuentra en la lista de terceros países seguros, por lo que ver aprobada su solicitud es casi imposible. Pero ahí sigue. Y Se ofrece para hacer de cicerone por el asentamiento de chozas de caña, por el que guía saludando a unos y otros entre fogatas que van cogiendo fuerza a última hora de la tarde y esterillas sobre la arena que hacen de colchones.Se agrupan por nacionalidades. Issa Abdarhaman, a sus 19 años, habla por sus amigos sudaneses, con los que cruzó a nado el espigón de El Tarajal el pasado 30 de julio. Llevan dos semanas haciendo el camino de ida –y vuelta– al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), que sigue colapsado. Dice no entender por qué nadie se hace cargo de ellos.Episodios violentos en la periferia llevan a sus vecinos a denunciar el abandono frente al centro de la ciudadEn torno a otra chabola cubierta de plásticos, hay senegaleses, que han asumido el rol de mantener limpia la zona. También de Yemen y Chad. O un egipcio que es incapaz de levantarse por la herida en su rodilla que, según narra con todo tipo de detalles, le hizo un policía durante el cruce masivo.Y luego, antes del punto de la playa al que el cicerone marroquí quiere llegar, dos amigos sirios –uno con más de medio siglo a sus espaladas– se deshacen en argumentos para demostrar que son cristianos, que pertenecen a una comunidad que vive un éxodo masivo frente a las nuevas autoridades islamistas en su país.Wasim Ibrahim y Basem Esber entraron nadando, tras recorrer tres kilómetros en unas cuatro horas, el 28 de julio, un día antes de que los gendarmes marroquíes abandonasen sus espigones. A estas alturas, sin la avalancha, ya hubiesen entrado en el CETI. Ahora están en un limbo. Y ahí, casi al final la playa, Latif muestra lo que quería desde el principio: una culebra de herradura de más de un metro, que mataron de madrugada mientras reptaba por el campamento y que pone en evidencia en qué condiciones malviven.Lee tambiénEl equipo de ambulancia de la playa está saturado. Su atención, como denuncia la Asociación Elín, se limita a cubrir necesidades básicas, no se suministran antibióticos y solo en casos muy graves puede gestionar alguna derivación al hospital. Piden más duchas, baños, y productos de limpieza e higiene. Ayer, el Defensor del Pueblo abrió una actuación de oficio, pidiendo información al Gobierno central, a Ceuta y a la Fiscalía, para conocer la situación humanitaria.La calma en la Playa de El Trampolín, a veces interrumpida con alguna reyerta registrada entre migrantes, es el contrapunto al clima de inseguridad ciudadana que se está instalando en la ciudad autónoma que, de confirmarse las cifras ofrecidas ayer por el presidente, Juan Vivas, seguiría albergando a 9.000 personas más de su población. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cifró ayer en 5.000 los adultos que permanecen tras entrar irregularmente. En estas dos semanas ha habido agresiones con arma blanca, violaciones y hurtos, según fuentes policiales. Todas las que saltan estos días a los medios de comunicación tienen un factor común: que el presunto autor es inmigrante. Pero también existe otro elemento que comparten: se producen en los barrios periféricos de Ceuta, cuyo centro hace días que recobró la normalidad.El Gobierno cifra en 5.000 los adultos que permanecen en Ceuta, pero Vivas lo eleva hasta los 9.000Los vecinos de la periferia, como Mohamed H., dice sentirse más abandonado que agotado. Denuncia que en su barrio, El Príncipe, ni merece la pena llamar al 091 porque nadie acude a las llamadas de auxilio. “El problema es que no nos llamamos Paco, ni Pepe. Sí, Ceuta es España, pero nosotros somos españoles de segunda, o tercera, pese a que pagamos nuestros impuestos”, lamenta el taxista que prefiere no dar su apellido. Su hartazgo está al límite. Le suena a una especie de chiste malo el anuncio que realizó ayer el titular de Interior sobre el incremento en cincuenta nuevos agentes para “garantizar la seguridad ciudadana”.“La periferia no tiene los mismos recursos que el centro de la ciudad. Estamos hartos de que cuando aparece un problema grave, todo recaiga sobre los mismos barrios. Estamos llegando al límite”, explicaba Abdella Mustafa, representante de la barriada de Sidi Embarek, que llevan dos semanas dando un techo a decenas de personas que llegaron a Ceuta. Ahora, se plantean llevar ese techo al centro. “Para que se vea”.Joaquín VeraPeriodista especializado en información de Interior, Seguridad y Terrorismo Ver más artículos Redactor de la sección de Política de La Vanguardia. A cargo de la información de Interior y Defensa, con el foco en la Seguridad y el Terrorismo
El Trampolín de Ceuta: la playa de los dos destinos
Marroquíes que cruzaron a nado asumen su expulsión exprés mientras que los subsaharianos hacen en la orilla de este arenal ceutí su hogar






