Opinión
Editorial
EDITORIALEn el Legislativo no hay una acción decisiva e inclusiva en favor de los guatemaltecos en el extranjero.
Con el ingreso al país de US$2 mil 468 millones en remesas enviadas por migrantes guatemaltecos, principalmente desde Estados Unidos, no solo se consolida un nuevo récord de este recurso en siete meses del 2026, sino que se confirma el noble objetivo que llevó a millones de connacionales a atravesar fronteras en busca de oportunidades, a pesar de las adversidades de la ruta y del destino. Los condujo a contribuir a mejorar el bienestar de sus familias en el país —padres, cónyuges, hijos, hermanos, abuelos—. Y la variedad de destinatarios solo se explica por la proverbial unión familiar que se cultiva en ciudades y pueblos, en donde a menudo se viven precariedades económicas en los hogares.
En este este esfuerzo laboral migrante, los guatemaltecos suelen ser destacados y altamente recomendados por su notoria dedicación en múltiples tipos de trabajo. Con frecuencia se desempeñan en dos y hasta tres plazas, repartidas en horarios diarios o semanales, a fin de generar los recursos necesarios para su manutención, o para tomar cursos de inglés o aprendizaje de habilidades, mantenimiento de vehículo, cumplimiento de obligaciones tributarias y además, con el objetivo de tener listo ese monto quincenal o mensual que mandan a sus seres queridos en la tierra que tanto extrañan.








