Opinión

Editorial

EditorialLas remesas son un gesto de amor, un acto de solidaridad y una lección de fortaleza de guatemaltecos que están fuera de su patria, pero la llevan siempre en el alma.

Mayo de 2026 tuvo una caída de casi US$69 millones, en comparación con el mismo mes de 2025, en la cifra de remesas enviadas por guatemaltecos migrantes —mayoritariamente desde Estados Unidos— a sus familias. La variación a la baja supuso preocupación, debido a que este recurso es el principal pilar económico de muchas familias, que lo utilizan para sufragar gastos de alimentación, educación, transporte, pago de servicios y también mejoras en vivienda, compra de electrodomésticos y vehículos, así como ahorro e inversión en emprendimientos. A partir de ello, múltiples estudios como los del Banco Mundial han calificado las remesas como el principal factor de reducción de la pobreza, más que cualquier programa estatal.

Sin embargo, las agresivas políticas de captura, detención y deportación implementadas desde la Casa Blanca durante el reciente año y medio han agregado un elemento de incertidumbre al futuro de este factor económico. En medio año del 2026, los connacionales deportados superan los 30 mil y las operaciones federales en contra de migrantes indocumentados apuntan a expandirse. Atrás quedó el discurso electorero de que el foco de las redadas serían delincuentes. Más del 90% de personas detenidas no tiene ningún antecedente criminal; existen casos de padres y madres sin estatus legal que llevaban más de una década de vivir, trabajar, producir y pagar impuestos en aquel país.