La superación personal parece haber encontrado su escaparate definitivo en las redes sociales. Cada vez son más frecuentes los vídeos en primera persona sobre adicciones, obesidad o enfermedades. Relatos que, en muchos casos, nacen de una intención legítima de ayudar. Sin embargo, resulta inquietante comprobar cómo esos testimonios conviven con una audiencia que consume el sufrimiento ajeno como entretenimiento. La misma sociedad que aplaude el “antes y después” fue, en demasiadas ocasiones, la que ridiculizó, señaló o ignoró a esas personas cuando más necesitaban comprensión. Celebramos la recuperación cuando es viral, pero seguimos castigando la vulnerabilidad mientras ocurre.Adrià Olivella Flores. TarragonaEl alma del barrioJavier y Milagros se han jubilado. La pareja regentaba un puesto en el Mercado de la Cebada y en ellos perduraba, como un tesoro, el sentimiento de pertenencia. Atendían con calma y te ponían al día con sus historietas familiares. Ellos me recordaron lo que era vivir sin prisa. Ayer fue la última vez que les dije: “Hasta mañana, descansad”. Hoy solo he podido abrazarles, entre pucheros, y recordarles que ahora sí tienen toda la vida por delante. Las vecinas perdemos lo poco bello que queda en el centro de Madrid y anhelamos cada día más vínculos que nos unan. Gracias por vuestro cariño y por recordarme que el tipo de barrio que reside en mi memoria continua en pequeños lugares tan sencillos.Laura M. Santamarina. MadridMás pastoresDetrás de cada cifra de inmigración hay alguien que lleva meses esperando, muchas veces en la economía sumergida, sin poder trabajar legalmente. El pastoreo estratégico, orientado hacia la agricultura ecológica y la protección contra los incendios, sería una de las salidas que se aprenden en meses y que crean un incontestable valor añadido. Para quien está en una situación de vulnerabilidad, formarse como pastor podría ser la vía hacia su regularización y un trabajo estable. España pierde ganaderos y los echa de menos porque el ganado despeja la maleza seca que convierte una chispa en un incendio. Un pastor, situado donde el fuego amenaza, cobraría por las hectáreas despejadas y por la leche y el queso. Ganarían ellos y ganaría el campo.Yannis Karagiannis. BarcelonaLas de siempreLos meses previos a dar a luz fui a las clases de preparación al parto de mi centro de salud. Aromaterapia, posturas propias del Cirque du Soleil, afirmaciones positivas; un sinfín de extras a un proceso en el que los protocolos y la naturaleza del parto mandan. Este cuidado contrasta con el apoyo, casi nulo, que recibimos cuando volvemos al trabajo y asolan las dudas: ¿Me saco leche? ¿Se pasará esta niebla mental? Mi parto duró 24 horas y no olía a lavanda. Tampoco el de mis amigas, que me escribieron para animarme cuando volví a trabajar. Ellas, con mi madre, me dieron los consejos que no recibí de un sistema que sí se volcó en mi bienestar físico y emocional antes del alumbramiento. Una red de mujeres, una vez más, al rescate.Esther O. Echevarría. Madrid
“Se consume el sufrimiento ajeno como entretenimiento”
La hostilidad de las redes sociales, la pérdida de los barrios, la falta de pastores y la desatención tras el parto son algunas de las reflexiones de los lectores









