Actualizado a las 01:14h.
Para disfrutar de un veraneo inolvidable no hacen falta los lujos de una villa francesa en la Costa Azul, ni el encanto mágico de un isla griega ni la vorágine fiestera de Magaluf. A veces basta con escoger un lugar soleado y plantarse allí con ... un espíritu libre, aventurero, abierto a que pase lo que tenga que pasar. Eso es exactamente lo que hizo Jim Morrison a principios de julio de 1965, cuando terminó sus estudios de cine en la Universidad de California en Los Ángeles y se marchó con una mochila y unos pocos dólares en el bolsillo a pasar sus vacaciones en Venice Beach, un barrio bohemio que desde su fundación en 1905 había atraído a poetas, pintores, fotógrafos, escritores y cineastas.
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