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Demostrar empatía y compasión no es sinónimo de ser blando como jefe.
En un entorno empresarial marcado por la presión de los resultados, la velocidad de los cambios y la creciente complejidad de las organizaciones, hablar de empatía y compasión puede parecer un signo de debilidad. Sin embargo, tras décadas observando a algunos de los principales responsables empresariales desde dentro he llegado a la conclusión de que la calidad humana no es un complemento de la dirección, sino una de sus formas más sofisticadas de inteligencia. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: nunca como hoy ha sido tan necesario un liderazgo capaz de integrar exigencia y humanidad, ambición y cuidado, resultados y sentido.








