Hay momentos en la vida que deberíamos estremecernos, como contemplar un niño o una niña cruzando la frontera sin la compañía de su madre o de su padre.Esa estampa se ha hecho habitual en Ceuta, donde más de 1.300 menores han llegado estos días. Menores que continúan solos tras una dura realidad, tras pasar esa frontera difícil de imaginar. Una realidad que en demasiados casos no ha mejorado, más bien al contrario. Se han presentado seis denuncias de estos menores por presunta agresión, de ellos cuatro han sido atendidos por violación. Lo que nos confirma una realidad incontestable, estos niños, y en especial las niñas se han convertido en esta crisis en el rostro más vulnerable. Un rostro escondido tras grandes cifras que arrebatan la humanidad a una tragedia que ya se ha cobrado más de un centenar de víctimas y demasiadas heridas en otra muchas que se encuentran entre nosotros.La situación es extrema y Ceuta no puede hacer frente por sí sola. Estamos hablando de una ciudad que dispone de algo menos de una treinta de plazas destinada a acoger a menores en situación de vulnerabilidad y que ha visto multiplicada por varios cientos esa cifra. En muchos casos menores que no alcanzan los doce años y que hemos contemplado a través de imágenes de televisión abandonados a su suerte en polígonos y expuestos a todo tipo de peligros. No puedo obviar al escribir estas líneas que mi hijo mayor tiene tan solo once años y me es imposible imaginarlo solos y solas en un país extraño a todo tipo de inclemencias, sin comida ni agua en situación extrema.Ceuta no está encontrando la empatía de otras comunidades autónomas, en su mayoría con gobiernos rehenes de Vox, cuya falta de humanidad está resultando evidente a ojos de todos. Niños que no deberían ser objeto de esta controversia política entre administraciones. Estas niños y niñas no son cifras, ni parte de un relato, son simplemente eso: niños. Y pueden acabar en manos de mafias y siendo objeto de la trata de seres humanos si entre todos no actuamos. Estos críos no son una amenaza, son menores vulnerables que desgraciadamente se encuentran solos, por qué la realidad en la que vivían los empujó a cruzar solos esa frontera o incluso porque llegaron a perder a sus padres en ese intento.No es incompatible pedir una política migratoria que sea ordenada y proteger los derechos de los y las menores.Cuando una niña cruza sola la frontera entre Marruecos y nuestro país y vuelve a verse expuesta a la violencia, algo estaremos haciendo mal y a todos nos concierne. Ese fracaso como sociedad no supone que ese crío ya no tenga derechos, más bien al contrario, nosotros como sociedad le estamos fallando.El peor rostro de una sociedad y el rostro más vulnerable de una tragedia vuelven a reflejarse en los niños, en medio de discursos de odio y controversias políticas que aparecen como lo que son. Los grandes damnificados de esta tragedia.
Menores abandonados a su suerte
No es incompatible pedir una política migratoria que sea ordenada y proteger los derechos de los y las menores.












