Katherine Johnson nació en 1918 en Virginia Occidental con una curiosidad insaciable por los números que la llevaría… hasta las estrellas. Desde su infancia demostró una habilidad prodigiosa para la geometría que desafiaba las expectativas sociales de la época. A pesar de la segregación racial imperante, sus padres se mudaron para que ella pudiera estudiar en el West Virginia Colored Institute. Se graduó con honores a los 18 años, tras cursar asignaturas de aeronáutica creadas específicamente para su talento. Fue la primera mujer afroamericana en ingresar a un programa de posgrado tras un fallo histórico del Tribunal Supremo, brillantez académica que fue el preludio de una carrera que rompería barreras de género y raza en la ciencia.

Con una mente privilegiada, se preparó para cambiar para siempre el curso de la historia aeroespacial de su nación. En 1953 Johnson se incorporó a la NACA para trabajar como una “calculadora humana” encargada de procesar datos aeronáuticos complejos. En una era previa a la computación electrónica, mujeres con habilidades matemáticas excepcionales realizaban el trabajo tedioso de medir resultados experimentales. Katherine fue asignada inicialmente a las “computadoras del oeste”, un grupo formado por mujeres afroamericanas que trabajaban bajo estrictas leyes de segregación. En el centro Langley debía utilizar instalaciones separadas, sufriendo la discriminación sistémica que marcaba la vida cotidiana en los Estados Unidos. No obstante, su dominio de la geometría analítica la hizo destacar rápidamente entre los ingenieros de la división técnica de vuelo.