Contemporáneo del proceso que documenta en su nueva obra, el novelista, ensayista e impenitente investigador que es Gerardo Muñoz (Melilla, 1951), alicantino de adopción y vocal del Consell Valencià de Cultura, se ha documentado a fondo para escribir esta Historia de la ultraderecha española, editada por Almuzara, un volumen cercano a las 600 páginas que ha elegido subtitular Del búnker franquista a la nueva radicalidad política.Muñoz conoció además la política por dentro, puesto que se afilió al partido Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez en 1984, por el que fue diputado en las Corts Valencianes entre los años 1987 y 1991, y del que fue elegido presidente en 1990. Desde aquellos años, se preguntaba cómo era posible que, incluso en la incipiente democracia, las formaciones que se identificaban abiertamente con el régimen franquista, la extrema derecha, recibiera un porcentaje escasísimo de votos. Para la confección de este ensayo, Muñoz ha pasado meses estudiando las encuestas sociológica realizadas por el CIS y otros organismos durante cinco décadas.Muñoz ha pasado meses estudiando las encuestas sociológica realizadas por el CIS y otros organismos durante cinco décadasEn ellas ha podido comprobar que, aun sin representación política en las instituciones, las ideas, los grupos y las redes que ocuparon el espacio político de la derecha radical no se extinguieron; solo cambiaron de forma, se reorganizaron y no dejaron de estar activos en la vida pública. Mientras los votos de la ultraderecha apenas rondaban el 1% del censo, algunas de las ideas que defendían eran sostenidas por el 18% de los encuestados. “El Partido Popular fue el reservorio de esta gente, incluso no solamente votantes, sino también de militantes, pero estaban en franca minoría, muy minoría”, señala el autor. “Como algunos dicen en privado, estaban dentro, pero 'domesticados'”, apunta. “Pero después de los gobiernos de Zapatero, con esos avances de progreso social tan importantes que hubo, (matrimonio gay, los trans, la memoria histórica...) Cuando llegó Rajoy, con la mayoría absoluta de 2011, ellos esperaban que tumbara todo lo que se había hecho Zapatero y que volviera todo otra vez a 'normalizarse', según sus criterios, que son el canon ultra católico y ultra conservador”.Ese giro ultraconservador no sucedió. “Fue cuando empezaron a llamar a Rajoy 'maricomplejines', desde los grupúsculos que habían girado alrededor del Partido Popular: ultracatólicos, ultraderechistas, muy influyentes, gentes de los Legionarios de Cristo... pero estaban controlados”. Muñoz destaca la poderosa influencia de la organización conocida como 'El yunque', procedente de México, “que empezó a actuar aquí hace muchas décadas y a semejanzas de cómo lo había hecho en México, no dando la cara, porque es una organización secreta, pero creando empresas pantalla, organizaciones autónomas, ultracatólicas, como Hazte Oír, Abogados Cristianos... y con una estrategia de medios, claro”.Surge una red, “muy bien tramada, con bastante financiación internacional, que fueron trabajando, presionando al Partido Popular”. Como Rajoy no cedió a sus presiones -Muñoz recuerda cómo antes del congreso del PP celebrado en València en 2008 hubo incluso manifestaciones organizadas en su contra- “apoyaron al sector conservador, el que representaba Esperanza Aguirre”. Aunque Rajoy salió airoso del envite, el germen de los que vendría más tarde ya estaba sembrado.Pero el rastro que, apoyándose en una extensa bibliografía, persigue Muñoz comienza en los últimos años de la dictadura, en el llamado búnker franquista, donde se gestaron los primeros intentos de preservar el legado autoritario del régimen. La investigación continúa con la violencia política que marcó la Transición y con la aparición de organizaciones neofascistas que actuaron tanto dentro como fuera de las instituciones. Por la obra desfilan grupos extraparlamentarios y redes ultracatólicas que influyeron en el debate social y desemboca en la irrupción más reciente de nuevas fuerzas políticas, entre ellas Vox.Con claridad expositiva y rigor, Gerardo Muñoz ofrece al lector un viaje que comienza en una España analógica, con una sociedad que se subió en marcha al tren de una modernidad europea de la que había vivido al margen, y llega hasta este mundo cibernético y globalizado en el que “las emociones que impulsan la polarización son el miedo al futuro, la ira por el presente y la nostalgia por el pasado”, como señala Erika Stäel von Holstein, directora del Think Tank independiente Reimaginar Europa, citada por el autor en sus conclusiones.Gerardo Muñoz CedidaQue Muñoz remata con la expresión de una reflexión y un deseo: “Momentos de gran convulsión política y agitación social como el presente, degeneraron desgraciadamente en el pasado en conflictos armados. Pero ahora tenemos más conocimientos (ciencia) y experiencias (histórica), por lo que cabe esperar que sepamos encontrar una solución pacífica y sin retrocesos políticos y morales”, apunta.