Cuatro libros publicados para reflexionar sobre las últimas ejecuciones del franquismo descubren una Transición violenta y obligan a formularse preguntas incómodas sobre el pasado y el presente

Volkhart Müller era corresponsal en España y Portugal del Der Spiegel. La madrugada del 27 de septiembre de 1975 hacía guardia en el exterior de Carabanchel, como otros periodistas. Allí pasaban sus últimas horas tres militantes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. Juzgados en consejos de guerra, como permitía la nueva legislación antiterrorista, habían sido condenados a muerte. Las pruebas para condenarles habían sido declaraciones obtenidas tras torturas en la Direcc...

ión General de Seguridad y durante el proceso los acusados no tuvieron garantías legales. La sentencia declaraba que habían sido autores o cómplices del asesinato de dos policías. A las cinco Müller hizo una serie de fotos en las que late una espera inquietante: el espeso silencio del exterior de la cárcel oculta la tragedia que se desarrollaba en tres celdas en su interior. En una de ellas estaba quien al cabo de cinco horas sería el último ejecutado por la dictadura: Xosé Humberto Baena.

Su caso articula la novela de hechos reales Mañana matarán a Daniel, de Aroa Moreno Durán, y es el centro de la investigación de El verano de los inocentes, de Roger Mateos. Moreno ya había convertido la historia en materia literaria y Mateos había escrito otro reportaje sobre un militante del FRAP —Cipriano Martos— que murió en 1973 tras haber sido torturado y obligado a beber ácido sulfúrico. Al mismo tiempo se publica Terrorismo y represión, que recopila estudios sobre la violencia política en la España previa a la Transición. La lectura de los tres libros, más el testimonio de una militante de la Liga Revolucionaria ETA VI encarcelada en Yeserías, lleva a formular preguntas sin respuesta unívoca porque se cruzan dimensiones morales y políticas, se plantea una y otra vez la tensión entre memoria e historia.