Algunos analistas ya lo han calificado como un tsunami financiero. La caída en picado de la cotización del yen japonés en los últimos meses obligó el pasado lunes, 3 de agosto, a una intervención conjunta y coordinada en el mercado de divisas de Japón y Estados Unidos para salvar a la moneda japonesa, que parecía haber entrado en barrena tras tocar su nivel más bajo en 40 años frente al dólar estadounidense. Ese día, el dólar llegó a cambiarse por 163 yenes, un umbral que disparó todas las alarmas. Los dos países compraron millones de yenes en los mercados para contener la sangría. Este viernes 8, el yen cotizaba a 157 unidades por dólar. La incertidumbre, por tanto, aún se mantiene.PublicidadUna operación de esta naturaleza para reflotar al yen no se producía desde 1998. El objetivo es claro: evitar una crisis global que empezaría por los mercados de Asia, pero que muy probablemente se extendería al resto del mundo.¿Qué está ocurriendo con el yen, la tercera divisa más operada a nivel mundial? "Generalmente, las intervenciones en el mercado cambiario son un mero parche que pueden frenar la hemorragia que está sufriendo una divisa, pero en este caso esta intervención conjunta sí que reúne condiciones para provocar un punto de inflexión en el yen", explica al respecto Diego Barnuevo, analista de Mercados de Ebury, fintech especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas.¿Por qué cae el yen?La economía japonesa muestra desde hace 35 años tasas de crecimiento casi anémicas y una inflación mínima. Con una de las deudas públicas más altas del mundo —235% del PIB—, Japón tradicionalmente ha mantenido tipos de interés muy bajos. Pese a esa enorme deuda pública, durante años la fórmula económica funcionó gracias al ahorro privado de los propios japoneses y a las compras masivas de deuda por parte del Banco de Japón, aprovechando precisamente esos tipos artificialmente bajos. De esta forma, los déficits públicos se pudieron financiar sin grandes problemas.Sin embargo, tras la pandemia los tipos de interés y la rentabilidad de los bonos de otros países empezaron a subir mientras Japón los mantenía en el entorno del cero. Eso llevó a que los propios capitales nipones buscasen mayor rentabilidad en el exterior. El ahorro interior en Japón disminuyó y los gobiernos de derecha aumentaron el gasto público mientras bajaban impuestos. El yen empezó a resentirse hasta que en los últimos meses la caída se ha acelerado.PublicidadA todo eso hay que añadir la fuerte dependencia energética del país asiático: Japón importa la inmensa mayoría del petróleo y del gas que consume. La reciente guerra en Irán ha supuesto un rebrote de la inflación en ese sentido. En esas condiciones, la cotización del yen ha bajado rápidamente en las últimas semanas. Un yen más débil favorece las exportaciones de Japón y también al turismo, pero también encarece las importaciones de energía e impulsa la inflación en un país con un crecimiento económico raquítico y una cuentas públicas muy tensionadas.El interés de Estados UnidosJapón y Estados Unidos son dos aliados que comparten lazos económicos y financieros muy estrechos desde la II Guerra Mundial. Pero el interés de Estados Unidos en ayudar a Japón no es altruista. "Japón es el principal tenedor de deuda soberana estadounidense y una devaluación agresiva del yen podría poner en riesgo una venta masiva de bonos del Tesoro de Estados Unidos por parte de Japón que provoque nuevas subidas en los rendimientos de esos bonos, cuando muchos de ellos ya se encuentran en niveles extremadamente elevados. Con esta intervención conjunta se quiere evitar dicho escenario", apunta Barnuevo. En este sentido, Washington teme que Tokio venda parte de su reserva de bonos estadounidenses a China en caso de necesitar liquidez para sostener al yen. Al Gobierno de Donald Trump no le gustaría que más deuda pública estadounidense acabara en las manos de Pekín.PublicidadAdemás, Estados Unidos también teme que una devaluación sostenida del yen japonés pudiera provocar otras devaluaciones de los países del sudeste asiático para aumentar la competitividad de sus exportaciones, apunta Barnuevo. "Es posible que Estados Unidos haya querido intervenir para proteger en la medida de lo posible a su industria manufacturera frente a competidores externos más baratos", añade el analista de Ebury.Por último, Barnuevo explica que Estados Unidos ha querido enviar "un claro mensaje a los mercados de que la devaluación del yen ha sido excesiva". Japón, abocado a subir los tipos de interésA pesar de que en los meses de abril y mayo el Gobierno japonés de la ultraconservadora Sanae Takaichi intentó parar en solitario la sangría de su moneda comprando millones de yenes en el mercado, y de que incluso el Banco de Japón subió a mediados de junio los tipos de interés de referencia a corto plazo al 1%, su nivel más alto en 30 años, no se pudo revertir la tendencia a la baja del yen. Cuando el cambio rozaba los 164 yenes por dólar a finales de julio, el país asiático decidió intervenir de nuevo, pero esta vez de la mano de Estados Unidos. ¿Por qué ahora y por qué así? La respuesta del Gobierno nipón es que en este momento es cuando, después de largas negociaciones, logró obtener el respaldo de la Administración Trump.En este escenario, Japón parece más abocado que nunca a subir sus tipos de interés en niveles no vistos en décadas para, entre otras medidas, contener la inflación. La intervención conjunta de Japón y Estados Unidos por sí sola no parece suficiente. "Es muy probable que esta intervención venga acompañada de subidas de tipos de interés por parte del Banco de Japón. La inercia inflacionaria puede justificarla, pero probablemente haya sido un requisito indispensable de Estados Unidos para participar en la intervención", corrobora Barnuevo. Los analistas dan por descontado que el Banco de Japón adelantará a septiembre la subida de tipos y que el Gobierno japonés aceptará una normalización más rápida de los tipos por parte del Banco Central.¿Es el euro gran perjudicado de esta operación?Para no debilitar al dólar al ayudar al yen, la Reserva Federal de Estados Unidos financió la compra de yenes vendiendo euros. Para alguno analistas, el euro se ha visto implicado en esta crisis sin comerlo ni beberlo. "El euro fue la moneda de financiación directa para la parte estadounidense de la intervención y se resintió más que algunos de sus pares del G10 en los momentos inmediatamente posteriores a la intervención. Sin embargo, a largo plazo, no parece que se le pueda calificar como el gran perdedor ya que la probable subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE) en septiembre debería apuntalar a la moneda europea", explica Barnuevo. Previsiones de cara al futuroLo que sí se preguntan los analistas es si esta intervención conjunta de Estados Unidos en el mercado de divisas servirá para apuntalar al yen de una forma más o menos estable. Hay mucha incertidumbre al respecto. Muchos analistas predicen que además de varias subidas de tipos de interés por parte del Banco de Japón para armonizarse con el resto de países serán necesarias medidas adicionales para sostener a la moneda nipona. "También se necesitaría un catalizador externo que incentive la repatriación de capitales al yen para invertirlos en el país. Sin esto, podrían surgir compradores que aprovechen las caídas del dólar y del yen y que apunten a los niveles previos a la intervención en un futuro próximo", señala a la agencia Reuters Aaron Hill, analista jefe de la consultora FP Markets.La previsión de Oxford Economics parte de una hipótesis de evolución ligeramente más fuerte del yen durante el resto del año, pero también considera que la intervención para salvar al yen no será lo suficientemente contundente como para invertir la tendencia. Estos analistas creen que el Banco de Japón deberá proseguir con subidas regulares de tipos de interés para mantener su moneda.