En los bosques que rodean el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta (también conocido como el CETI), la humanidad descansa sobre la naturaleza. Bajo la sombra de los árboles, grupos de jóvenes que cruzaron el pasado jueves la frontera entre Marruecos y Ceuta se esconden del sol. Otros descansan apoyados sobre una piedra y un gran grupo aprovecha la pendiente que baja hasta la playa del Trampolín para tumbarse con la cabeza en alto.

Mohamed está solo. Se mantiene en pie y agarra su mochila con más fuerza al ver al Ejército llegar. Han rodeado a los cientos de personas de origen subsahariano que, pacíficamente, gritan al unísono: “¡Asilo, asilo!”. La mayoría son sudaneses que huyen de la guerra que azota el país desde 2023. En conversación con este medio, Mohamed explica por qué agarraba la mochila con tanta fuerza. “Lo único que me queda es mi teléfono móvil”, cuenta, mientras enseña que no tiene batería y que lleva días tratando de encontrar una solución.

Tiene 38 años, es de Jartum, la capital de Sudán, está graduado en Derecho y le fascina el estudio de los derechos humanos desde la teoría y la investigación. Su familia está en Egipto refugiada de la guerra en su país.