Noticia Exclusivo suscriptores A puertas de su congreso anual, presidente de la Andi dice que el país inicia nueva etapa con desafíos en materia fiscal, seguridad y salud.Bruce Mac Master, presidente de la Andi, gremio que realiza su 11.° Congreso Empresarial Colombiano en Medellín y su Asamblea Anual, en el marco de sus 82 años de creación. Foto: César MelgarejoPERIODISTA ECONÓMICO08.08.2026 22:02 Actualizado: 08.08.2026 22:02

Aunque, Bruce Mac Master, presidente de la Andi, reconoce que el país entra en una nueva etapa, prefiere no quedarse mirando el retrovisor. Su atención está puesta en los enormes desafíos que enfrentará el gobierno de Abelardo De La Espriella y en las decisiones que, a juicio del empresariado, serán determinantes para recuperar la confianza, reactivar la inversión y devolverle competitividad a la economía. Colombia, afirma, llega al cambio de gobierno "como un paciente en estado crítico" que primero habrá que estabilizar antes de pensar en acelerar su crecimiento.A pocos días del 11.° Congreso Empresarial Colombiano y de la 82.ª Asamblea Nacional de la Andi, que reunirán en Cartagena a empresarios, líderes gremiales y a buena parte del nuevo Gobierno, Mac Master, en entrevista con EL TIEMPO, se refirió a la necesidad de recuperar la seguridad, emprender una verdadera reforma tributaria estructural, destrabar la infraestructura, garantizar la seguridad energética y volver a reconocer al sector productivo como uno de los principales motores del desarrollo del país. LEA TAMBIÉN Doctor Mac Master, ¿cesó la horrible noche?Más que pensar en lo que termina, creo que Colombia tiene una gran oportunidad para normalizar muchas cosas. Cada actor de la sociedad tiene un papel que cumplir: el Estado, las cortes, el Congreso, la academia, los ciudadanos, los medios de comunicación y también los empresarios. Nuestro papel es producir bienes y servicios, generar empleo, crear oportunidades y aportar los recursos que necesita el Estado para cumplir su función social. Lo que necesitamos ahora es un Estado que reconozca el valor del sector productivo y entienda que las empresas son un motor del desarrollo y del bienestar de los colombianos.Si tuviera que describir el estado en el que el nuevo Gobierno encuentra hoy al país, ¿cuál sería ese diagnóstico?El nuevo Gobierno recibe un paciente en estado crítico. Lo primero será estabilizarlo, y eso significa actuar simultáneamente sobre varios frentes: recuperar el equilibrio de las finanzas públicas, atender la crisis del sistema de salud, garantizar la seguridad energética, fortalecer las relaciones internacionales, combatir la corrupción y restablecer la confianza. Solo después de estabilizar ese paciente podremos pensar en devolverle una vida normal y, más adelante, convertirlo en un país exitoso. Esa debería ser la hoja de ruta de los próximos cuatro años.El nuevo gobierno debe gobernar para 52 millones de colombianos, no para una sola parte de estos. Foto:Recuperar la confianza también implica reconstruir consensos. ¿Cuál considera que es el principal reto político y económico que recibe el nuevo Gobierno?Recibe una sociedad con visiones distintas, pero con un mismo anhelo de progresar. La polarización terminó imponiéndose sobre la construcción de acuerdos y dejó profundas divisiones. El reto ahora es gobernar para los 52 millones de colombianos, entender dónde están las mayores necesidades de la población y construir políticas públicas que beneficien al conjunto de la sociedad. Eso exige diálogo, capacidad para escuchar y disposición para construir consensos alrededor de los grandes temas nacionales. Solo así podremos recuperar la confianza y volver a avanzar como país.¿Y cuál considera que ha sido el principal obstáculo para recuperar esa confianza? En los últimos años el mayor obstáculo fue el desconocimiento del papel que cumple el sector productivo dentro de la economía. Parecía perderse de vista que son las empresas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, las que generan empleo, producen bienes y servicios y crean las condiciones para el desarrollo. Cuando un país deja de reconocer ese papel, inevitablemente envía señales que frenan la inversión. El gran reto ahora es recuperar esa confianza y volver a entender que un aparato productivo fuerte y competitivo es indispensable para que Colombia pueda crecer y generar bienestar. LEA TAMBIÉN Uno de los reclamos reiterados del sector empresarial ha sido por el tema de la seguridad. ¿Hasta qué punto ese factor volvió a convertirse en una condición clave para producir, invertir y generar empleo? La seguridad sigue siendo una condición indispensable para el desarrollo. Muchas de las mayores oportunidades de crecimiento que tiene Colombia están precisamente en regiones donde hoy la presencia del Estado es insuficiente. Mientras el Estado no sea la única autoridad en esos territorios y no pueda garantizarles tranquilidad a los ciudadanos y a quienes producen e invierten, será muy difícil aprovechar ese potencial. Colombia solo podrá alcanzar un desarrollo pleno cuando recupere el control efectivo de todo su territorio y les dé garantías a quienes generan empleo y bienestar. Usted ha sido crítico de la política de Paz Total. ¿Qué lecciones debería dejar esa experiencia? La principal lección es que el Estado debe recuperar plenamente su autoridad. La estrategia de Paz Total terminó siendo un enorme fracaso y produjo un daño significativo porque fortaleció a estructuras criminales sin resolver los problemas de seguridad de los ciudadanos. La historia de Colombia demuestra que los procesos de paz solo tienen posibilidades de éxito cuando el Estado cuenta con la fortaleza suficiente para hacer respetar la ley. Ese será uno de los grandes retos de los próximos años y no será una tarea de corto plazo. El país también enfrenta un panorama fiscal muy complejo. ¿Llegó el momento de emprender una verdadera reforma tributaria estructural? Colombia necesita, por fin, una estructura tributaria pensada para el largo plazo. Durante años hemos hecho reformas que resuelven parcialmente los problemas fiscales de uno o dos años, pero que no fortalecen la competitividad ni generan las condiciones para atraer inversión. El país debe encontrar un equilibrio que permita financiar al Estado sin afectar la capacidad de las empresas para crecer, invertir y generar empleo. Si no entendemos que el desarrollo depende de la inversión, seguiremos aplazando una discusión que ya no admite más espera. Empresarios apoyarán una reforma tributaria estructural, con reglas estables que construyan país. Foto:Néstor Gómez/ EL TIEMPO (Derechos de autor)¿Y, el empresariado estaría dispuesto a respaldar un verdadera reforma tributaria estructural? El Gobierno siempre encontrará en los empresarios la disposición de apoyar las decisiones que ayuden a construir un país más competitivo y generen desarrollo. Lo que no puede seguir ocurriendo es que cada reforma se limite a trasladarles nuevas cargas a quienes producen, invierten y generan empleo. Colombia necesita reglas estables, menos trámites y mejores condiciones para desarrollar proyectos. Si logramos ese equilibrio, el sector productivo será el primero en respaldar una agenda que fortalezca el crecimiento económico y beneficie a toda la sociedad. Pronto el país volverá a discutir el salario mínimo en un contexto de inflación elevada, tasas de interés altas y una economía que necesita acelerar la generación de empleo formal y de calidad. ¿Cómo encontrar ese equilibrio entre proteger el poder adquisitivo de los trabajadores y preservar la competitividad de las empresas? Esa es precisamente la responsabilidad de quienes diseñan la política pública. Cada decisión tiene efectos sobre el resto de la economía y hay que medirlos con mucho cuidado. Cuando se incrementan de manera importante los costos laborales, esos mayores costos terminan reflejándose en los precios, alimentan la inflación y obligan a mantener tasas de interés más altas durante más tiempo. Al final, quienes más terminan pagando esas consecuencias son los propios colombianos, especialmente los de menores ingresos. El gran desafío es encontrar un equilibrio que proteja el ingreso de los trabajadores, pero que también permita seguir generando empleo formal y crecimiento económico ¿Ese equilibrio también pasa por entender que las decisiones económicas tienen efectos que muchas veces solo se perciben meses después? Exactamente. La política pública siempre tiene costos y beneficios. Por eso requiere responsabilidad, visión de largo plazo y, muchas veces, valentía para tomar decisiones difíciles. No basta con pensar en el efecto político inmediato; hay que evaluar el impacto que esas decisiones tendrán sobre la inflación, el empleo, la inversión y la competitividad. Confío en que el nuevo Gobierno comprenda esa responsabilidad y actúe con esa perspectiva. LEA TAMBIÉN Usted ha insistido en la necesidad de fortalecer el aparato productivo. ¿Qué necesita hoy la industria colombiana para volver a ser uno de los grandes motores del crecimiento? Lo primero es entender que fortalecer el aparato productivo beneficia a toda la sociedad. En los últimos años Colombia tomó muchas decisiones de espaldas a ese objetivo. Encontramos regulaciones que dificultan producir, trámites que retrasan las inversiones, decisiones ambientales que, en lugar de facilitar proyectos sostenibles, terminan frenándolos, y políticas energéticas que debilitaron nuestra competitividad. Si queremos crecer de manera sostenida debemos volver a construir condiciones que permitan producir más, invertir más y generar más empleo. Ese debería ser uno de los grandes propósitos del próximo gobierno. Otro de los grandes reclamos del sector productivo ha sido la desaceleración de la infraestructura. ¿Qué tanto le costó eso a la competitividad del país? Muchísimo. Resulta paradójico que un país decida frenar proyectos que necesita simplemente porque son desarrollados por el sector privado. Colombia no puede sacrificar su desarrollo por razones ideológicas. Si el Estado no tiene la capacidad de ejecutar determinadas obras, lo responsable es permitir que quienes sí pueden hacerlo contribuyan a cerrar esas brechas. La infraestructura no beneficia a las empresas; beneficia a todos los colombianos porque reduce costos, mejora la competitividad y acerca oportunidades a las regiones. ¿Recuperar ese tiempo perdido puede convertirse en una de las grandes oportunidades del nuevo Gobierno? Sin duda. Esa es una de las tareas más urgentes. Hay que retomar los proyectos que quedaron paralizados, ponerlos nuevamente en marcha y hacerlo pensando siempre en el beneficio público. Colombia ya no puede darse el lujo de seguir aplazando las obras que necesita para crecer. Colombia ya no puede darse el lujo de seguir aplazando las obras que necesita para crecer. Foto:Concesionario Magdalena MedioLa transición energética será otro de los grandes desafíos. ¿Cómo avanzar hacia una matriz más limpia sin poner en riesgo la seguridad energética del país? Ese debate debe abordarse entendiendo lo que muchos llaman el trilema energético. Colombia necesita, al mismo tiempo, energía suficiente para crecer, energía ambientalmente sostenible y energía competitiva para hogares y empresas. Esos tres objetivos deben avanzar juntos. Por eso el país tendrá que acelerar las inversiones en generación hidráulica, solar, eólica y también térmica, porque todas cumplen un papel dentro del sistema. Lo que no podemos hacer es renunciar a nuestra autonomía energética y terminar dependiendo de combustibles importados con una huella de carbono incluso mayor que la de los que dejamos de producir en Colombia. Ese equilibrio será determinante para la competitividad de los próximos años. El mundo atraviesa una etapa de tensiones comerciales y reconfiguración de las cadenas globales de producción. ¿Cómo debería posicionarse Colombia frente a ese nuevo escenario? Colombia tiene que definir con claridad cómo quiere competir en los mercados internacionales. Debemos fortalecer nuestras exportaciones, diversificar nuestra oferta y aprovechar las oportunidades que existen en distintas regiones del mundo. No todos los mercados demandan los mismos productos ni ofrecen las mismas oportunidades, por eso necesitamos una estrategia comercial que responda a los intereses del aparato productivo colombiano y contribuya a generar más empleo y crecimiento. ¿Cuál considera que es la transformación estructural más urgente que necesita Colombia para recuperar su capacidad de crecer? La principal reforma que necesita Colombia no está solo en las leyes; está en la manera como entendemos el desarrollo. Tenemos que asumir que un aparato productivo fuerte beneficia a toda la sociedad. Solo produciendo más, exportando más, invirtiendo más y generando más empleo podremos superar el estancamiento económico. Ese cambio de mentalidad debe reflejarse en cada decisión de política pública. LEA TAMBIÉN Los empresarios han insistido en la necesidad de recuperar la confianza y reactivar la economía. ¿Cuál será el compromiso del sector productivo con ese propósito? Nuestro compromiso es seguir invirtiendo, generando empleo, produciendo bienes y servicios y contribuyendo al crecimiento del país. Eso es, precisamente, lo que queremos poner sobre la mesa durante el Congreso Empresarial. Los empresarios siempre estaremos dispuestos a respaldar las decisiones que permitan construir una Colombia más competitiva, con mayor inversión y mejores oportunidades para todos. Eso significa que el empresariado será un aliado del nuevo Gobierno en la tarea de reactivar la economía? Nosotros no somos un interlocutor crítico; somos un interlocutor constructivo. Cuando consideremos que una decisión puede mejorarse, lo diremos con respeto y con argumentos, pero siempre pensando en construir país. Ese ha sido nuestro propósito y seguirá siéndolo, porque al final lo que nos mueve es una sola idea: trabajar por una Colombia mejor. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.