Bruce MacMaster (Cartagena de Indias, 63 años) cuida de varios bonsáis en su oficina, el último piso de un edificio en el corazón financiero de Bogotá. Señala especialmente a uno, que tiene 40 años y lo ha acompañado en su camino por la banca de inversión, el Gobierno de Juan Manuel Santos y, desde hace una década, en la cabeza de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, ANDI, el mayor gremio privado del país. La terraza que rodea su despacho está bañada en una potente luz canicular, una que refleja el fenómeno de El Niño que inicia, pero que también parece responder a su estado de ánimo y a los cuidados que necesita la planta, que señala que quiere como a una mascota familiar. Han pasado cuatro días desde las elecciones definitivas para la Presidencia de la República, y el economista se muestra aliviado por la victoria de Abelardo de la Espriella. Puede pensar en bonsáis, no solo en el enconado choque que mantuvo, de forma creciente, con el saliente mandatario, el izquierdista Gustavo Petro. Pregunta. Iván Cepeda ya aceptó la victoria de Abelardo de la Espriella. ¿Cómo lee ese resultado?Respuesta. Tiene varios mensajes importantes. El más relevante es que la democracia volvió a funcionar en Colombia: tuvimos dudas, ataques e incertidumbre, pero el país pudo elegir presidente, incluso en condiciones relativamente adversas. Y lo hizo con la participación más alta de la historia, en unas elecciones que en la práctica tuvieron dos segundas vueltas, porque al final de la primera solo hablábamos de dos candidatos, y luego tres semanas en las que pasaron muchas cosas —una de ellas, no precisamente positiva, la forma en que se comportó el Gobierno. Lo otro interesante es que muchísima gente votó por cada uno de los dos candidatos, no fue una goleada que indique que el país piensa distinto. Hay que entender que muchas personas se sienten representadas por el discurso de Cepeda y hubieran querido que continuara el proyecto de Petro, así como yo hubiera querido que Petro entendiera a quienes no estaban de acuerdo con él. Él simplemente no canceló de la vida nacional. No podemos repetirlo.P. ¿Y el otro grupo, el que eligió a De la Espriella?R. Está representado, sobre todo, por un inmenso rechazo a lo que construyó Petro. Cepeda termina siendo casi una víctima de la forma equivocada en la que Petro se acercó a la sociedad, a las instituciones, a la Constitución, al respeto por la ley. La idea más fuerte que vendió De la Espriella no fue tanto una propuesta propia —en general, la campaña no tuvo tantas ideas— sino superar lo que Petro venía imponiendo. Fue un voto contra la continuidad. Su tarea ahora es convertir ese rechazo en algo constructivo y convergente: que sea, como lo dijo el presidente electo, un gobierno para los 52 millones de colombianos y no solo para sus 13 millones de votantes. Es algo en lo que le insistí muchas veces a Petro: “Usted debe gobernar para todos”. A él no le importó, porque le rendía electoralmente construir fracturas, y en ellas se refugiaba.P. ¿Eso explica también por qué Cepeda se distanció de Petro en la segunda vuelta?R. Sí. Hay una pregunta que mucha gente se ha hecho: ¿Colombia quedó fracturada? Yo creo que no. Lo intentaron —fue la apuesta de Petro durante cuatro años—, pero no lo lograron de fondo. Desde 2022 sus discursos buscaban abrir grietas entre el centro y la periferia, en lo racial, en lo económico. Recordemos cuando dijo que no iba a construir más autopistas, porque eran “para ir a las fincas de los ricos”, pero por ellas se mueve el país entero. O cuando, en la reforma tributaria, dijo que quienes se oponían “no querían pagar la paz”. Esa fractura se notó en la votación, pero fue más coyuntural, más electoral que estructural: en segunda vuelta, tres millones de votantes que no venían del cepedismo “puro”, que no votaron por él en primera vuelta, hicieron una evaluación distinta.P. ¿Cuáles son los retos más grandes para que De la Espriella logre unir al país?R. Todo presidente enfrenta el mismo dilema: la polarización es una herramienta electoral muy potente, pero se devuelve rápido a la hora de gobernar. El reto es superar la campaña y construir una convergencia, porque muchos problemas solo se resuelven si trabajamos todos juntos. La superación de la pobreza, por ejemplo, no es algo que un grupo le resuelve a otro: es un trabajo colectivo, donde quien está en condición de vulnerabilidad tiene que querer salir de ella, y la sociedad debe darle las condiciones para ello. No puede haber “solucionadores” de un lado y “beneficiarios” del otro: hay un colectivo que tiene que construir entre todos.P. ¿Cómo va a jugar el sector privado en esa construcción?R. Potenciando no solo nuestro papel económico —producir, generar empleo, pagar impuestos—, sino que tenemos que hacer parte de las soluciones. Petro exacerbó algo que ya venía pasando: la necesidad de que el sector empresarial asumiera una vocería ciudadana que antes hacían los partidos políticos, hoy vaciados de identidad ideológica. Al desaparecer esa vocería, a gremios como el nuestro nos ha tocado asumirla, presentar propuestas, lanzar alertas, ser un puente con la ciudadanía. Y tenemos listos diagnósticos y propuestas en salud, seguridad o energía. Espero que la conversación con el nuevo Gobierno sea fluida y respetuosa, con desacuerdos cuando los haya.P. Petro cuestionaba que el sector empresarial estuviera indebidamente cerca de los gobiernos...R. Pero eso nunca fue así. Por ejemplo, en la reforma tributaria de 2021 tuvimos una posición radicalmente distinta a la del entonces ministro Alberto Carrasquilla y, cuando terminó renunciando, no por presión nuestra, sino de la ciudadanía, respaldamos la propuesta que implementó José Manuel Restrepo, hoy vicepresidente electo. Con ese Gobierno, el de Iván Duque, tuvimos coincidencias, pero discrepamos de sus objeciones a la JEP o demandamos la modificación a la ley de garantías. Es lo normal. Le interesa a quien quiere vender una idea polarizante hablar de “la oligarquía” como un ente único, pero la historia de los gremios es una historia de divergencias, incluso entre ellos.P. ¿José Manuel Restrepo fue el puente entre la campaña de De la Espriella y el sector privado?R. Con él siempre hemos tenido comunicación, por su paso por los ministerios de Comercio y Hacienda y la rectoría de varias universidades. Esta fue una campaña distinta a las anteriores, de poco debate temático y mucha carga de marketing. Cuando había temas concretos, sí conversábamos. Creo que en parte Abelardo lo escogió por esa capacidad de tender puentes, y en su discurso de victoria se comprometió a integrarlo cabalmente al gobierno. El único antecedente real de eso en Colombia es Germán Vargas Lleras; el cargo casi siempre ha sido, como lo dijo el presidente electo, una “llanta de repuesto”.P. ¿Qué rescata del Gobierno Petro?R. Una gestión nunca es completamente mala. Trabajamos con ministros de buena intención y con embajadores que tuvieron tareas muy difíciles, como Daniel García-Peña, el de Estados Unidos. Pero la pelea inició desde que José Antonio Ocampo estaba en Hacienda: fue, creo, el primero en decir públicamente que las relaciones con la ANDI estaban “cortadas”, algo que repitieron otros como Guillermo Alfonso Jaramillo, de Salud. Con otros, como Alejandro Gaviria, Cecilia López o Gloria Inés Ramírez, en cambio, la relación fue clara y cordial. Lo más interesante del Gobierno Petro es la radiografía que deja del país: permite entender mejor qué le importa a la gente.P. ¿Qué espera del nuevo gobierno?R. Que enfrente dos tareas grandes. Una es estabilizar cinco variables críticas: la seguridad y el control territorial, la salud, lo fiscal, lo energético y las relaciones internacionales, que hay que reconstruir pronto. Colombia no se ha definido en este nuevo mundo. Nuestro aliado natural es Estados Unidos, pero a Petro no le simpatizaba ese país y le tendió la mano a China, sin entender que probablemente se estaba aprovechando de la coyuntura. Tenemos que estabilizar a un paciente —el país— que está en estado crítico. La segunda tarea es proyectar a Colombia hacia delante: ¿qué va a pasar con la gente que estudia contaduría, derecho o administración frente a la inteligencia artificial? Nuestro Congreso empresarial, del 12 al 14 de agosto —cinco días después de la posesión presidencial—, va a ser el espacio para plantear esas preguntas y proponer soluciones a futuro. P. Más allá de Colombia, ¿cómo ve el futuro de la región?R. Justamente estoy preparando un pódcast que se llamará Un continente posible, sobre el futuro de América Latina en ese nuevo mundo. He recogido respuestas interesantes de gente que piensa que la región puede ser el refugio más humano de la humanidad frente a un mundo dominado por la inteligencia artificial; otros hablan del futuro de la bioeconomía y la biodiversidad; otros más de la economía de las experiencias y las artes, en un mundo cada vez más dispuesto a pagar por vivencias que por bienes. Espero que ese ejercicio nos dé herramientas para salir adelante.