Las mafias a las que el Gobierno español culpa de introducir a 72.000 personas en 72 horas en Ceuta no operan en las fronteras terrestres de la ciudad autónoma con Marruecos. Tanto para saltar la valla como para salir a nado los propios migrantes se organizan de manera autónoma y sin pagar.PublicidadEn su momento, en el norte de Marruecos funcionaban las mafias lideradas por migrantes de terceros países para sacar a personas en embarcaciones precarias, donde los marroquíes solo ocupaban roles intermedios como conducir o guiar. Sin embargo, ni ese tipo de organizaciones existen ya cerca de las ciudades autónomas españolas porque se desplazaron al sur en 2020 debido a la externalización de fronteras de la Unión Europea a Mauritania y el Sahel, de donde ahora parten las pateras a las Islas Canarias.Sin embargo, lo que sí se observa, tras la crisis humanitaria de Ceuta, es que se están reactivando las mafias de los narcotraficantes marroquíes para pasar en lanchas rápidas a compatriotas por el Estrecho hasta Algeciras.En todo caso, las fronteras terrestres de España con Marruecos siempre han sido las vías de migración irregular para las personas con menos recursos económicos y, por lo tanto, las mafias estaban ausentes porque no había dinero de por medio. Por ello, durante años los montes de Beliones en Tánger y Gurugú en Nador fueron campamentos base para las personas subsaharianas que intentaban llegar a Europa sin pagar. Se ponían de acuerdo entre ellos para saltar las vallas los días festivos cuando los controles son más relajados. PublicidadLas entradas dependen en gran medida del nivel de control que ejerzan las autoridades marroquíes en la frontera. Los chavales se organizan mediante grupos de WhatsApp, Facebook o Telegram y los captadores solo cobran por entrar en barca por el sur del país, no a nado a Ceuta. Sin embargo, los que no tienen ingresos económicos optan por esperar la oportunidad y esto ha sido utilizado para mover la semana pasada a miles de jóvenes hasta la frontera de Ceuta con informaciones falsas sobre el proceso de regularización, la sentencia del Tribunal de Justicia del 8 de julio y la relajación de las fuerzas de seguridad en la frontera. La incitación en las redes, fenómeno conocidoParece probable que sea con la ayuda de las fuerzas auxiliares y la Gendarmería Real como consiguen pasar -algo que han relatado también varios migrantes- porque, con el control férreo del norte del país financiado por Europa, la Gendarmería Real instaló un sistema de vigilancia con cámaras en 2019 en la costa atlántica para combatir el tráfico ilícito, pero que les sirve para controlar también el terrorismo y la inmigración irregular. Según las autoridades marroquíes, permite proteger completamente la costa a una gran distancia.Publicidad“Vamos adaptando y mejorando los dispositivos para evitar que los asaltantes ataquen a nuestras fuerzas del orden”, reconoció en 2019 el máximo representante del control de las fronteras y responsable de la política migratoria marroquí, Khalid Zerouali. En todo caso, el fenómeno de las redes sociales no es algo nuevo. A lo largo de este año hubo otros intentos que evitaron la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares. De hecho, hace siete años, en 2019, en una página en Facebook se incitaba a los jóvenes a probar a salir en embarcaciones desde la costa atlántica sur rumbo a las Islas Canarias por alrededor de 700 euros. Se les pedía únicamente su número de teléfono en un comentario para que los supuestos contrabandistas, que no revelaron su identidad ni su contacto, les llevaran. El objeto del asunto era simplemente “sistema de transporte”. En estos casos pagaban la cantidad requerida una vez contactados, aunque a algunas de las personas que proporcionaron el número nunca les han llamado.El Ministerio de Interior marroquí advirtió sobre este tipo de anuncios en un comunicado de “inmigración ilegal desde las playas”. En el documento se consideraba que estos mensajes “engañaban a la opinión pública”. Por ello las autoridades competentes abrieron una investigación para identificar a los responsables y “procesar a cualquier persona cuya complicidad sea probada”. Salto a la valla y entrar a nado, sin mafiasPara saltar las vallas y entrar a nado a Ceuta y Melilla, los jóvenes no necesitan recurrir a la mafia; simplemente esperan la oportunidad, el buen clima y la relajación en la frontera, además de organizarse conjuntamente, sobre todo a través de las redes sociales.Realmente, los jóvenes y las familias marroquíes que salen por el Estrecho compran el motor, construyen la embarcación de madera y contratan a pescadores para que les guíen hasta alta mar. No recurren a las mafias, sobre todo porque saben que entre los intermediarios existe mucho chivato. Aunque esta forma de proceder ya es muy poco frecuente debido al aumento de la vigilancia en la costa norte con la financiación de la Unión Europea.Incluso las pateras de marroquíes que salieron, por ejemplo, con el movimiento de protestas sociales Hirak del Rif en 2017, las construían entre varios amigos y miembros de una familia y, a veces, recurrían a pescadores para ocultarse y salir a alta mar.PublicidadLas mafias, tras las embarcaciones a CanariasSin embargo, detrás de las embarcaciones hinchables de juguete que se dirigen a Canarias, y que soportan de 300 a 480 kilos de carga y donde se meten hasta 15 personas, sí estaban las mafias subsaharianas que pedían alrededor de 800 euros. Los marroquíes desempeñaban papeles intermedios, como conducir los taximafia hasta los puntos calientes para librar los controles policiales donde impedían pasar a las personas negras, o como guías para los últimos metros en los bosques antes de alcanzar la costa.Mafias marroquíes del narcotráficoDurante un tiempo, el rol de las mafias marroquíes fue facilitar el cruce a pie de migrantes de otros países magrebíes, concretamente Túnez y Argelia, e incluso de ciudadanos turcos, que aterrizaban en Rabat y Casablanca con su pasaporte en vigor sin necesidad de visado. Ya en las fronteras terrestres con España, les facilitaban documentación falsa o los metían ocultos dentro de los coches. Por eso, la Guardia Civil en frontera comenzó a utilizar el detector de latidos del corazón.Bien es cierto que en otro tiempo la mafia marroquí gestionó las motos de agua y las narcolanchas que estuvieron de moda en 2019, cuando pasar en una jet ski costaba entre 5.000 y 6.000 euros. Los motores para las embarcaciones llegaban desde España al puerto y los recogían marroquíes por un precio de 1.500 euros.PublicidadOtra vía de salida fueron las narcolanchas, que además funcionaron mucho para dejar a migrantes en Ceuta durante la covid-19 y los años previos. Las denominadas “lanchas fantasmas” llevaban a las playas de Tánger, Tetuán y Alhucemas para recoger a los jóvenes a la orilla del mar. Comenzó en esa región del norte, pero se extendió a todo el país.En 2020 con los controles en el norte del país gracias a la financiación de España con los fondos de la Unión Europea, las mafias se trasladaron al sur y se reactivó la ruta canaria desde la costa atlántica rozando con el Sáhara Occidental. Allí las travesías en patera están controladas por patrones del narcotráfico y se empuja a los jóvenes marroquíes a buscar una oportunidad en Europa huyendo a España a través de las redes sociales. PublicidadRutas imposibles para huirEl intento desesperado de huir de Marruecos se repite incluso desde antes de la pandemia. La desesperación por la represión y la falta de oportunidades llevó a que muchos jóvenes se aventurasen a emprender rutas imposibles para llegar a Portugal desde Casablanca y más al sur del país. La Policía marítima portuguesa comenzó a interceptar embarcaciones de madera con migrantes marroquíes en el último trimestre de 2019, pero las llegadas se intensificaron en 2020, según la información de Alarm Phone Maroc. Incluso, existieron casas patera para menores marroquíes en Boussalhem, una ciudad de pescadores entre Rabat y Tánger, donde aguardaban en casas hasta que los pescadores los venían a buscar para enviarlos con sus padres a Europa por la falta de visados de reagrupación familiar. Los padres residentes en Europa mandaban hasta 3.000 euros a Marruecos para que viajasen con ellos. Otra ruta larga y peligrosa que evitaba el Cabo de Espartel en Tánger, muy controlado por la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares.