La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, está molesta con los periodistas porque no le preguntan por los incendios. Está todo el día metida en los agrestes montes madrileños, allá por la Sierra Oeste, y los periodistas convocados para que registren su lucha heroica contra la devastación causada por las llamas van y le preguntan por el ático. En teoría no deberían hacer preguntas. Se les ha citado solo para que tomen imágenes con sus cámaras. Pero cuando algunos rompen el compromiso de mudez, ella dice enfadada mirando hacia las cámaras: “¿Por qué no preguntan una sola vez por la gente afectada, por lo que estamos haciendo? Estamos dejándonos la piel, ayudando a la gente que lo está pasando muy mal, tengan la sensibilidad de disimular al menos y preguntar qué vamos a hacer”.
Los medios han informado minuciosamente sobre los incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas en varios puntos de España entre finales de julio y comienzos de agosto. Y por supuesto han dedicado una gran atención a lo ocurrido en Madrid. Han publicado numerosas historias personales de los afectados por la catástrofe, numerosos análisis de expertos sobre las conflagraciones, numerosas informaciones sobre las actuaciones admirables de los bomberos, numerosas noticias sobre la gestión política de la terrible crisis. Pero a Ayuso le parece poco. Quiere que la prensa hable mucho más de los incendios. Si de ella dependiera, que se hablara solo de las llamas. Y, por supuesto, de ella. De cómo está entregada en cuerpo y alma a combatir los estragos mientras el vago de Sánchez anda por ahí de vacaciones. O cómo las personas, cuando se la encuentran en los montes o en las calles, la saludan arrobadas y le agradecen todo lo que hace por el pueblo.












