El Gobierno de Giorgia Meloni se equivocó gravemente al imponer controles fronterizos con España por la crisis migratoria de Ceuta. La ciudad española del norte de África es territorio Schengen, pero no existe la libre circulación de personas que sí existe para un ciudadano que se encuentre en Murcia o Barcelona. La medida no tenía sentido cuando se adoptó la semana pasada ni la tiene ahora. Una cosa es que la gestión de la frontera el jueves de la semana pasada fuera un despropósito de dimensiones históricas. Otra distinta es que esto hubiese provocado una "amenaza grave para el orden público o la seguridad interior" de un Estado miembro, que es la condición que exige el artículo 25 del Código de Fronteras de Schengen para restablecer controles fronterizos. Medida que, además, debe ser "de último recurso". Los migrantes que quedan en Ceuta después de la crisis del jueves están ahí y no pueden cruzar en masa a territorio peninsular sin presentar una documentación de la que no disponen. Es decir, desde el principio quedó patente que Roma estaba sobrerreaccionando por un cálculo político doméstico y que el Gobierno español tenía la razón legal y diplomática… Esto se rompió la noche de ayer, cuando La Moncloa anunció la imposición de controles fronterizos recíprocos con Italia a partir de la medianoche, usando los mismos argumentos que pocas horas antes criticaba a Roma. TE PUEDE INTERESAR "España se verá obligada a adoptar medidas proporcionales para proteger los intereses y la dignidad de sus ciudadanos", afirmaba el Gobierno en unas amenazas que finalmente cumplió. Se trata de un error, tanto legal como diplomático. En primer lugar, porque la reciprocidad no es un argumento que esté recogido por el Código de Fronteras de Schengen. Solo la amenaza grave para el orden público y la seguridad lo está. Además, las medidas italianas expiraban el 1 de septiembre y las anunciadas ayer por España, el 7 de septiembre, por lo que van más allá de la reciprocidad estricta y entran en territorio de escalada. TE PUEDE INTERESAR En segundo, porque este razonamiento no solamente valida el italiano, sino que es igual de espurio. El Ejecutivo cita "la persistente presión migratoria irregular que sufre el país transalpino" como motivo para establecer controles fronterizos. Y si bien es cierto que entre 2021 y 2026, los cruces irregulares de frontera en Italia duplican a los españoles, también lo es que los italianos han reducido mucho la porosidad de la frontera y la brecha con España se ha prácticamente evaporado en lo que va de año. Si ahora existe un riesgo real para la seguridad interior de España por las fronteras italianas, el de hace varios años era mucho mayor. Habría que haber restablecido controles en la frontera mucho antes. Además, se añade un agravante. Los controles fronterizos adicionales en puertos y aeropuertos españoles se producen en un momento, el pico turístico del verano, en el que las infraestructuras españolas ya operan al límite. 1.472.459 asientos están programados desde Italia solo en agosto, un 10,9% más que el año pasado y el 10,4% de toda la oferta internacional, según Turespaña. TE PUEDE INTERESAR Si Italia quiere pegarse un tiro en el pie imponiendo controles fronterizos inútiles por cuestiones de política interna, que lo haga, pero nada obliga a España a hacerse el mismo daño. Sin entrar a que uno no sabe hasta qué punto la dignidad de un conquense en un control fronterizo aleatorio en Fiumicino se restablece con otro control igual a un napolitano en Valencia. El comunicado oficial de La Moncloa del 7 de agosto, a las 21:00, reprocha a Roma crear "fracturas y conflictos estériles impulsados por motivaciones electorales internas". Y lo hace con razón. Tres horas después entraban en vigor los controles españoles que cometen exactamente los mismos pecados que se les reprochan a nuestros primos mediterráneos. Que los motivos de Meloni eran politiqueo interno estaba claro. La duda ahora es si los de Sánchez también lo son. El Gobierno de Giorgia Meloni se equivocó gravemente al imponer controles fronterizos con España por la crisis migratoria de Ceuta. La ciudad española del norte de África es territorio Schengen, pero no existe la libre circulación de personas que sí existe para un ciudadano que se encuentre en Murcia o Barcelona. La medida no tenía sentido cuando se adoptó la semana pasada ni la tiene ahora.
El error de escalar la crisis diplomática con Italia
Roma actuó de forma desproporcionada y politiquera al restablecer controles fronterizos con España. La respuesta del Gobierno español se pone a su altura












