Quisiera encontrar las palabras más templadas para redactar este artículo, que evoca lo que fue para España el “desastre” de 1898, cuando perdió la guerra con Estados Unidos y, con ella, los últimos jirones de su imperio colonial: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. España quedó “sin pulso” –dijo Silvela–, sumida en una sensación de fracaso colectivo. No obstante, la Primera Restauración aguantó hasta 1923, cuando el general Primo de Rivera le puso fin con su dictadura, que –según la reciente historiografía– “no mató a un anciano decrépito, sino a un joven con larga vida por delante”.Hoy, la reivindicación de Ceuta y Melilla por Marruecos amenaza con desencadenar una crisis de consecuencias mucho más graves y definitivas –de ser o no ser– que aquellos sucesos de 1898. Éstas son sus causas:La reivindicación por Marruecos de Ceuta y Melilla puede originar una crisis muy grave1. La reivindicación de Marruecos no atiende a razones y olvida que Ceuta y Melilla están vinculadas a la Corona española desde los siglos XVI y XVII, por lo que no son unas colonias, sino que forman parte integrante de la nación española y españoles son sus ciudadanos.2. Frente a la reivindicación de Marruecos, España se encuentra sola, al igual como se encontró sola, en el siglo XIX, frente a Estados Unidos. Una soledad que duró hasta el Tratado de Paz de París.3. De la Unión Europea no cabe esperar respaldo ni ayuda. Ni está, ni se la espera. Sigue siendo un mosaico de países diversos, que comparten una unión aduanera y algunos flecos más. Carece de política exterior y de defensa. No es un actor político global. Cada país va a la suya.4. Y de Estados Unidos aún menos, pues da apoyo explícito a la reivindicación marroquí, tanto a nivel oficial (así, un documento del Comité de Asignaciones Presupuestarias del Congreso dice que Ceuta y Melilla están en “territorio marroquí” y son “administradas por España”); como en el ámbito mediático (el New York Times señala a España como causante de la reciente invasión de Ceuta, gestada por el efecto llamada).5. Estados Unidos quiere la llave del Mediterráneo, que es el control del estrecho de Gibraltar, y ha elegido como socio (las dictaduras son más cómodas) a Marruecos, que ofrece la base de Alcazarseguir en sustitución de la de Rota, aunque el coste económico del cambio es disuasorio.6. Ahora bien, todo cuanto antecede hubiese sido distinto o, al menos, más matizado, si la política exterior de España, obra del presidente Sánchez, no hubiese sido adoptada en función exclusiva de las exigencias puntuales de sus intereses personales, en aras de la conservación del poder. JALAL MORCHIDI / EFE7. Pero Sánchez no hubiese podido adoptar, con tanta ligereza, decisiones que parecen buscar –por ejemplo– el enfrentamiento deliberado con EE.UU. e Israel, si no se hubiese sentido apoyado por una parte del país, de entre la que destacan dos grupos:a) El de los votantes de extrema izquierda e, incluso, del PSOE, que adoptan posturas radicales en política exterior, casi siempre inocuas, salvo por el daño que causan al interés nacional de España. Estos ciudadanos, imbuidos de una infundada superioridad moral, carecen de aquel sentido de pertenencia a la nación que, constituye el fundamento de una auténtica ciudadanía.b) Los separatistas de toda laya, para los que España es una cárcel de pueblos.Recapitulemos. Si, gracias a la acción conjunta de todos estos factores, España cede la soberanía de Ceuta y Melilla o la somete a mediación, el desagarro que sufrirá será letal. La Segunda Restauración no resistirá, la Constitución y el Régimen del 78 serán abrogados, y su lugar lo ocupará una República Presidencialista, Plurinacional y Confederal. Finis Hispaniae .“¿No hay solución?”, me han preguntado. “Sí –he respondido–, pero hace falta que surja un líder que despierte a los españoles de su letargo, por estar dispuesto a defender los derechos de España por todos los medios, sin renunciar a ninguno”. Porque, como dijo Churchill, “no te rindas nunca, nunca, en nada grande o pequeño, salvo a las convicciones del honor y el buen sentido”. Si este líder no surge, España está muerta.
Ante ‘otro 98’: el ‘desastre’ final, por Juan-José López Burniol
Quisiera encontrar las palabras más templadas para redactar este artículo, que evoca lo que fue para España el “desastre” de 1898, cuando perdió la guerra con Estados Unidos y, con ella, los últimos jirones de su imperio colonial: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. España...








