Fue el pasado domingo, 2 de agosto. Recibí a media tarde un mensaje en el móvil que invitaba a una manifestación ante la Embajada de Marruecos para protestar por lo ocurrido en Ceuta. Lo ocurrido en Ceuta es de una gravedad excepcional y me parece no ya justificable sino necesario que la ciudadanía responda cívicamente y haga democrático acuse de recibo de esa gravedad. La manifestación es un derecho recogido en la Constitución y una legítima expresión de la ciudadanía. Por otra parte, la entidad convocante era Sociedad Civil Española, una plataforma que agrupa a un centenar de asociaciones y que dice en su web estar centrada en “la defensa del orden constitucional, el Estado de Derecho, las libertades básicas y los principios del Humanismo Cristiano”. Uno es agnóstico, pero no hace ascos a todo lo que sea humanismo, venga de donde venga. Preferiría invocar el humanismo ilustrado, pero a la vez se puede reconocer como ‘culturalmente cristiano’ en el sentido más amplio, relajado y ético de la expresión. A uno le pareció, en fin, que un acto como aquél de respuesta a la inadmisible agresión sufrida por España en sus fronteras, y en solidaridad con la desprotegida ciudadanía ceutí, reunía todas las garantías para que su desarrollo fuera apacible y modélico.Me equivocaba y lo pude comprobar con mis propios ojos así como con mis oídos. Las que allí se coreaban de manera ininterrumpida eran consignas explícitas “contra el moro”. Raro era el grito que no tenía un mensaje racista y xenófobo, a lo que se añadía una estética estridente en quienes llevaban la voz cantante en la manifestación. Confieso que sentí tristeza y pena por aquella gente joven a la que le preocupaba su país, cosa que es sana, legítima y deseable, pero a la que no se le había sabido dotar de un discurso moral y conceptualmente modulado, inteligente, presentable, acorde con los valores de la convivencia y la tolerancia, del respeto elemental al otro, de la Constitución y la Civilización que se pretenden defender. Y eso por no hablar del citado humanismo cristiano, difícilmente conciliable con un discurso basado en el rechazo, el desprecio y el odio al otro por su tierra de origen o el color de su piel.La invocación religiosa en ese acto solo tenía un cariz sectario, reaccionario e identitario que se da de tortas con nuestra propia legalidad vigente y con un Estado que se declara aconfesional según el artículo 16 de nuestra Constitución. Frente al eslogan, que el domingo se repitió hasta la saciedad, de ‘España es cristiana, no musulmana’, caben otros más cabales, matizados, precisos y concordes con la sensibilidad contemporánea de nuestra sociedad como, por ejemplo, ‘España es democrática, no teocrática’. Frente a una organizada violación de nuestras fronteras, como la acaecida en Ceuta, la respuesta que cabe no es el discurso destemplado del nacionalismo español, puro y duro (o menos aún los bracitos en alto que también se vieron), sino la apelación al respeto a la integridad territorial que postula ese orden internacional, liberal y democrático que no parece despertar el entusiasmo ni en Mohamed VI ni en su ‘virrey’ Fouad Ali El Himma, ni en Putin ni en Trump. Frente a ese férreo cordón policial que veló el domingo por la seguridad de la Embajada marroquí con un despliegue que se echó de menos en Ceuta no cabe el cuestionamiento de la institución policial ni tampoco el insulto impulsivo a los agentes del orden sino la crítica y la denuncia al Gobierno de Sánchez, único y verdadero responsable de la inacción ante una invasión programada y flagrante.Sí. Estuve en la manifestación del domingo y no me gustó lo que vi. Lo que vi es el resultado de años de una absoluta ausencia de pedagogía democrática y de su sustitución por un populismo que responde a los excesos de la izquierda meando fuera del tiesto por la derecha. Vi que se ha perdido todo el esfuerzo que se hizo en su día en crear un discurso democrático contra la barbarie. A los nacionalismos étnicos y antidemocráticos no se les combate con nacionalismo de otro signo. A ETA se le empezó a derrotar ideológicamente no cuando se denunciaba su odio a la nación española sino cuando se elaboró un discurso que delataba su totalitarismo y su sentimentalidad incivil. Se la desarmó conceptualmente no en nombre de las esencias españolas sino de la democracia.No. No me gustó lo que vi el domingo. Vi que hay que volver a empezar de nuevo. Vi que la solución no es quedarse en casa y mirar con horror o por encima del hombro a esa juventud desorientada. Es empezar de nuevo en efecto.
Ceuta y la pedagogía democrática
Estuve en la manifestación del domingo y no me gustó lo que vi. Lo que vi es el resultado de años de una absoluta ausencia de pedagogía democrática.










