Kiran Desai (Nueva Delhi, 1971) creció viendo cómo su madre, la novelista Anita Desai (Mussoorie, 1937), se convertía en una de las primeras mujeres de su generación en dar a su carrera literaria toda la atención que requería, sin descuidar por ello la crianza ni las tareas domésticas. Para su hija, la menor de cuatro hermanos, se volvió normal ver a su madre dedicar horas y horas a la escritura, una rutina obstinada de silencio y creatividad que contrastaba con el ajetreo de las calles de la India. En un momento dado, le hicieron una oferta para impartir clase en el extranjero, primero en el Reino Unido y luego en los Estados Unidos, para lo que no dudó en hacer las maletas y llevarse a su hija pequeña, la única que aún vivía en la casa familiar, que comenzó a estudiar en dichos países.
Hoy, Kiran Desai lleva veinticinco años establecida en Nueva York, donde también vive su madre, con la que sigue muy unida. Su progenitora no solo es un apoyo indispensable para su propia carrera, sino que, con su ejemplo vital, le mostró un camino de libertad e independencia absolutas. La separación de su marido, un empresario, poco después del traslado, fue determinante: la sociedad solo esperaba de ella que se comportara como la esposa convencional, pero no se resignó a ese papel. El cambio de país, por otra parte, le abrió horizontes a su hija, aunque también le provocó esa disociación de identidades que experimentan quienes crecen entre dos culturas, sin encajar del todo en ninguna de ellas.







