Federico Sturzenegger se ganó la máxima consideración de Javier Milei cuando le llevó la primera versión de la Ley Bases, el enorme compendio de cambios y reformas que el Ejecutivo pretendía sancionar en el Congreso. Por entonces ya le decía “El Coloso”. Consideraba que el digesto que había realizado era una obra monumental que reflejaba el espíritu reformista de la fuerza de ultraderecha que había llegado al poder. No solo por la cantidad, sino por la profundidad y el alcance de los cambios. Tan ambicioso era el paquete de reformas, concentrado en un solo proyecto, que el oficialismo tuvo que resignar una parte para poder superar un estreno legislativo muy accidentado en el verano de 2024. En aquellos días Sturzenegger aparecía al lado de Milei, pero sin ocupar cargo alguno. En julio de ese año, pocos meses después de la sanción de la Ley Bases, fue designado al frente del Ministerio de Desregulación. Dentro de un mes Sturzenegger cumplirá dos años como parte del Gabinete. Llegó al cargo impulsado por la estrategia que les vendió a los hermanos Milei. Los encandiló con el primer compendio de la Ley Bases y el método de meter todo en una sola norma, es decir, dentro de una ley “ómnibus”. Aplicó el mismo concepto para la redacción del DNU 70/23, el decreto que también anuló una serie de normas. Ese texto incluía un capítulo laboral que terminó anulado por la Justicia. La caída de esa parte no fue vivida como una derrota por la Casa Rosada, sino como un preparativo de lo que vendría después. Esa vendetta se resolvió con la sanción de la reforma laboral, que también tenía una versión más dura que el oficialismo fue resignando a cuentagotas con tal de conseguir el objetivo de la sanción. La idea de los paquetes de leyes no fue fundada por Sturzenegger, pero en la era libertaria, es la arquitectura legislativa del shock. El Gobierno lanza una guerra relámpago sobre un puñado de temas y busca comprimirlos en un sólo debate. El objetivo es que varios temas pasen inadvertidos o, al menos, no tengan una relevancia negativa que genere un efecto dominó. Si lo tiene, basta con que la sangre no llegue al río y que eso no origine pérdida de votos en cualquiera de los dos recintos del Congreso. Mientras más frondosa sea la iniciativa y más ventanas abra, más trabajo tendrán sus detractores en focalizar y separar los puntos delicados. La obra gruesa de ese concepto le permitió al oficialismo transitar sus inicios, marcados por graves falencias de formación y de práctica legislativa. A pesar de las advertencias internas sobre los efectos colaterales de esa estrategia, el método de "Sturze" no fue descartado. Por el contrario, hasta ahora fue el patrón de elegido para cada batería de reformas.