La media sanción de una acotada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada dejó en la Casa Rosada una sensación bastante menos celebratoria de la que suele acompañar las victorias legislativas del oficialismo. El Gobierno consiguió que el Senado aprobara uno de los proyectos que Javier Milei había incluido entre sus prioridades para el segundo semestre, pero lo hizo después de resignar buena parte de la iniciativa original y comprobar, una vez más, que los votos de sus aliados tienen límites. El resultado abrió además una ronda de pases de factura que alcanzó tanto al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, padre de la iniciativa, como a Patricia Bullrich, encargada de conducir la negociación en la Cámara alta.
La discusión comenzó incluso antes de que los senadores se sentaran en sus bancas. El proyecto había llegado al Congreso con dos capítulos particularmente sensibles: la modificación de la Ley de Tierras, que flexibilizaba las restricciones para la compra de campos por parte de extranjeros, y los cambios a la Ley de Manejo del Fuego. Ninguno de los dos sobrevivió al recorrido por el Senado. El primero fue retirado previo a la sesión ante la evidencia de que no estaban los votos y el segundo terminó cayéndose durante la votación, después de que los bloques provinciales dejaran en claro que tampoco estaban dispuestos a acompañarlo.













