Hernán Lacunza participaba el jueves como invitado de un programa en horario central del canal TN, mientras el Senado debatía el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y, en los alrededores del Congreso, la policía aún seguía a la caza de manifestantes aislados, después de largas horas de enfrentamientos. El conductor, Diego Sehinkman, contó que en abril de 2018, poco después de la recordada sesión de Diputados que trató una revisión del cálculo de los haberes jubilatorios, la de las toneladas de piedras en la calle, un funcionario del macrismo mantuvo una reunión con inversores en Nueva York. Uno de los participantes le dijo: “¿Por qué deberíamos poner plata ahí si ustedes no manejan la calle?”. Hoy candidato a presidente por el Pro, Lacunza reveló inmediatamente que aquel funcionario del que hablaba el conductor era él. Redondeó, algo incómodo, pero decidido, cómo fue esa historia. “Yo era ministro de la Provincia. El inversor me dijo: '¿En la Argentina alguna vez las reformas las van a intentar hacer por las buenas, o siempre va a ser por las malas?'”. Lacunza contó que volvió a la Argentina y le advirtió a la entonces gobernadora María Eugenia Vidal: “Tenemos que juntar los recursos para los dos años que quedan. No hay más margen. Se cortó el crédito”. Fue allí donde vislumbró el fin. La Argentina de Mauricio Macri se deslizaría desde entonces por una pendiente que lo llevaría al naufragio, un año y medio más tarde, su proyecto de reelección.