Lo que sobra es lo que está demás, lo que no tiene lugar, lo que es innecesario, prescindible. Lo que sobra es lo que no se valora y que por ello se aparta. Lo que sobra se descarta y se olvida. Lo que sobra se vincula directamente con su contraparte, lo que es útil: lo útil se conserva, lo que sobra se desecha. Entonces, ¿cómo se define aquello que es útil? Lo útil se determina por lo que es funcional, aquello que cumple una tarea. Lo útil se determina por lo instrumental, aquello que me permite alcanzar otro objetivo. Lo útil se determina por lo que es productivo, aquello que provoca los resultados deseados. Lo útil es lo que se valora, lo que se aprecia y se estima. Lo útil es lo que se queda, lo que se aprecia. En la tiranía de las métricas algorítmicas, en la obsesión continua de la productividad, en la necesidad de monetizar de lo cotidiano, la condición humana se volvió medible por su utilidad. Es la cosificación de la persona. Es lo que Albert Camus llamo en los años ´40 la “crisis del hombre”.
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