Xavier Col�s TallinActualizado Viernes,

agosto

00:10En el puente de mando de la econom�a rusa, la �nica persona que parece mirar los instrumentos en lugar de la narrativa belicista est� recibiendo �rdenes de acelerar. Vladimir Putin ha redoblado la presi�n sobre el Banco Central, para que rebaje con mayor rapidez los tipos de inter�s. El d�a 24, el regulador cedi� un cuarto de punto, hasta el 14%. Elvira Nabiullina, gobernadora del Banco Central, vive cercada pol�ticamente desde febrero de 2022. Bloomberg inform� entonces de que quiso dimitir tras la invasi�n y Putin se lo impidi�; aunque fuentes del banco cuestionaron esa versi�n. Su enfoque econ�mico combina la ortodoxia monetaria liberal occidental de control de la inflaci�n con un f�rreo pragmatismo tecnocr�tico al servicio del Estado ruso. Permaneci� al tim�n para evitar que la instituci�n cayese en manos de ide�logos que reclaman dinero barato, emisi�n y obediencia. Su equipo fren� el p�nico inicial con tipos al 20% y controles de capital, pero la carrera de fondo hacia una paz que no se vislumbra est� ahora cuesta arriba con el crecimiento empantanado y el sistema bancarios emitiendo algunos crujidos sist�micosPutin quiere dinero barato para reanimar la actividad, aliviar a las empresas y reducir el coste de la deuda. Nabiullina mira la inflaci�n, el d�ficit y la calidad de los pr�stamos. El agujero presupuestario puede acercarse a 85.500 millones de euros, m�s del doble de lo previsto.El Estado ruso tendr� que destinar unos 41.700 millones de euros a pagar los intereses de su deuda. Para cubrir el creciente agujero presupuestario, el Ministerio de Finanzas necesita que los bancos compren deuda p�blica. El problema es que debe ofrecerles intereses superiores al 16% y que muchas entidades disponen cada vez de menos dinero.Los ataques contra el gigante del comercio electr�nico Wildberries tensan el mecanismo. Miles de vendedores han perdido mercanc�a, pero siguen vigentes sus cr�ditos y siguen debiendo impuestos. Una oleada de quiebras trasladar�a el da�o a proveedores, bancos y recaudaci�n. Las entidades ya sufren menor liquidez y m�s morosidad. Bajar los tipos deprisa aliviar�a hoy a los deudores pero devolver�a combustible a la inflaci�n. Nabiullina intenta "doblarse sin romperse", dice el analista Alexander Kolyandr.Voces rechazan una econom�a militarizada La discusi�n sali� esta semana de los muros del Banco Central. Serguei Sobianin, alcalde de Mosc� y un peso pesado del sistema, rechaz� las llamadas a movilizar toda la econom�a. Andrei Kolesnik, miembro del comit� de Defensa de la Duma, hab�a pedido colocarla sobre "ra�les de guerra". Sobianin tach� esas propuestas de "in�tiles". "Matar la vida, matar una econom�a normal es matar el pa�s entero", alert�. Sin impuestos, ingresos y una econom�a civil en marcha, Rusia tampoco alcanzar� el �xito militar.Hay fisuras en el r�gimen, todav�a sin fallas. La polit�loga TatianaStanovaya detecta entre figuras leales al Kremlin una demanda de "decisiones competentes", una "valoraci�n realista" de las capacidades rusas y objetivos alcanzables. Putin conf�a en la paciencia de la poblaci�n y la fidelidad de las �lites. La presi�n interna eleva la tensi�n de la estructura. El sistema sigue lejos de una implosi�n.Los rusos encajan mientras la guerra se instala en su rutina. A los almacenes incendiados se suman la escasez de combustible, los aeropuertos cerrados, los cortes de internet m�vil y las humaredas. "Es el peor momento, la gente est� muy tensa por la situaci�n", cuenta Inna, ejecutiva de cuentas, desde Mosc�.El analista militar Iv�n Stupak se�ala que los ataques contra Wildberries buscan da�ar a los bancos que financian la empresa, reducir los impuestos disponibles para la guerra y llegar al ciudadano corriente. Pero el efecto pol�tico puede alimentar el malestar o reforzar el cierre de filas. En una carta al director, un ruso contemplaba el humo sobre su ciudad: "Podemos entenderlo con la cabeza, pero no disculparlo con el coraz�n".La econom�a rusa conserva flotabilidad y el Kremlin mantiene el tim�n. Pero la marejada ucraniana obliga a corregir el rumbo. Y ah� es donde chocan las recetas.