La gobernadora del Banco de Rusia, Elvira Nabiullina, podría estar jugando con fuego. La prestigiosa 'banquera' es uno de los pocos altos cargos de Rusia que se atreve a decir la verdad sobre la economía, lanzando proyecciones que de soslayo hablan de la cruda realidad a la que se enfrenta el país. En un discurso pronunciado hace escasos días, después de bajar los tipos de interés menos de lo que probablemente le hubiera gustado al presidente Putin, la gobernadora lanzó varias advertencias. La economía se enfrenta a un cóctel que puede ser explosivo y Nabiullina ha querido dejar constancia. Aunque el banco central decidió rebajar los tipos de interés en 25 puntos básicos hasta el 14,25%, la responsable monetaria dejó claro que el principal problema ya no es solo la desaceleración económica, sino el creciente desequilibrio entre una demanda impulsada por el Estado (con un gasto disparado) y una capacidad productiva que muestra signos de agotamiento y sobrecalentamiento. Su diagnóstico, formulado con el habitual lenguaje técnico de los banqueros centrales, contiene varios mensajes ocultos que pueden interpretarse como una crítica indirecta a la política económica derivada del esfuerzo bélico impulsado por Vladimir Putin.Rusia está gastando mucho más de lo que ingresa, mientras que la economía se desacelera, la mano de obra escasea (está toda en el frente o ha fallecido) y la inflación se enquista en la zona del 5%. Además, la banca se enfrenta a una posible crisis que ha sido detectada incluso por economistas y expertos financieros cercanos al Kremlin y los ingresos del petróleo podrían estar entrando en una especie de caída libre por la menor producción y el desplome del precio del crudo. A todo ello hay que sumar los avances de Ucrania en el frente y, sobre todo, los ataques sobre la industria de refino rusa, que cada vez tienen un mayor impacto sobre la oferta de combustible en Rusia y sus exportaciones.