Tomarse una baja por enfermedad es tanto un derecho como un deber inalienables del trabajador, pero en el caso de la gobernadora del Banco Central de Rusia, Elvira Nabiúllina, también se convierte en una cuestión de Estado. La economía rusa atraviesa un momento delicado y el paradero de su salvadora ha provocado una ola de rumores desde que suspendió a última hora su intervención en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo el pasado 3 de junio. En estos últimos nueve días ni la economista ni su equipo han acudido tampoco a otra reunión con el presidente, Vladímir Putin, para discutir la política monetaria. De hecho, la economía rusa encara una encrucijada en la que los deseos del Kremlin son incompatibles con la visión de los expertos del banco central. Estos intentan mantener bajo control la inflación y el desbarajuste provocados por el gasto militar, mientras que Putin quiere más madera para su guerra.“No creo que este formato [una sesión informativa] sea el adecuado para hablar de la salud de Nabiúllina. La gente enferma a veces, no tiene nada de raro. Esto no debería dar pie a teorías conspirativas”, respondía esta semana el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, ante el inusitado interés de sus medios por el estado de la economista.El Banco Central de Rusia ha sido fundamental para que el Kremlin pueda prolongar la invasión de Ucrania durante más de cuatro años bajo sanciones. La gobernadora del banco central, en el cargo desde 2013, es una estricta defensora de la disciplina fiscal, y Putin, consciente de las consecuencias que puede tener una crisis como la del rublo de 1998, dejó actuar a su organismo monetario pese a las crecientes presiones para que abaratase el endeudamiento. Entre otras medidas, el banco central elevó radicalmente los tipos en 2025 para enfriar una economía sobrecalentada por el gasto militar, el cual copa un 40% del presupuesto. Tras varios meses de calibración, los tipos de interés están hoy fijados en el 14,5%.Un extenso informe del Instituto de Economía Mundial de Kiel apunta a que si bien la economía rusa “no se ha derrumbado, sus cimientos estructurales se han erosionado rápidamente” y ha agotado sus reservas fiscales. “La capacidad bélica de Rusia está más que nunca directamente ligada a los ingresos por exportaciones de hidrocarburos”, el máximo responsable del equipo tras el estudio, Moritz Schularick. “La actual política macroeconómica de Rusia no es sostenible. Los altos tipos de interés están asfixiando la economía, mientras que la política fiscal laxa y algunas operaciones pseudofiscales están impulsando el sector de la defensa”, remarca el instituto. Según su análisis, el crecimiento está estancado y solo tira de él el gasto militar, los ingresos extra por el encarecimiento del petróleo debido al bloqueo del estrecho de Ormuz son “temporales”, la campaña de bombardeos ucrania contra sus refinerías está teniendo éxito, y el déficit superó en el primer trimestre todo el objetivo de 2026.Existen indicios de que Putin finalmente se ha posicionado del lado de las facciones del Kremlin que exigen una política monetaria mucho más laxa. El presidente ruso teatralizó el 10 de junio una reunión con su gabinete de Gobierno acerca de la política monetaria, y en ella no estuvieron presentes los máximos responsables de decidir esta, Nabiúllina y su equipo.“La situación está, en general, bajo control; esto es perfectamente evidente. Y las medidas adoptadas están dando el resultado deseado, la inflación está bajando. Está en poco más del 5%. Por lo tanto, creo que tenemos todo el derecho a esperar una reducción del tipo de interés de referencia y la consecución de otros parámetros necesarios”, remarcaba Putin en una videoconferencia con sus ministros.Un día después, el vicepresidente del Banco Central de Rusia, Alexéi Zabotkin, refutaba al propio Putin en una entrevista concedida al diario Vedomosti en la que señalaba que un descenso en la inflación de unas semanas no es suficiente para cambiar su estrategia de un aterrizaje suave. “Creemos que la política monetaria actual es apropiada para las circunstancias actuales, incluido el continuo alto nivel de demanda del Gobierno”, afirmó el economista en referencia a que el enorme gasto militar ha asfixiado a la industria civil. De hecho, Zabotkin advirtió en el foro de San Petersburgo de que el banco central no observa que haya aumentando su margen para recortar los tipos de interés, pero si ve que las expectativas de inflación de empresarios y consumidores siguen siendo altas. “El consejo evaluará la conveniencia de nuevos recortes en las tasas en sus próximas reuniones. Esto no significa en absoluto que los recortes sean inevitables en cada reunión”, subrayó.Otro indicio de que Putin se desmarca de la disciplina fiscal es que la Duma Estatal, la cámara baja del parlamento ruso, ha aprobado esta semana un decreto de urgencia que elimina las restricciones del Gobierno para endeudarse. Entre otras medidas, el Ejecutivo no necesitará revisar los presupuestos, el gasto podrá ser secreto, y las regiones, muchas de ellas en números rojos, podrán pedir préstamos al 0,1% de interés para seguir costeando sus caras campañas de reclutamiento.La tensión es perceptible dentro de Rusia. Un diputado del Partido Comunista de Rusia, el excoronel de la policía Viacheslav Marjayev, se ha mostrado muy duro este viernes al describir la situación actual. “Necesitamos un plan claro y público, y basado en los intereses nacionales de Rusia, para poner fin a la operación militar especial. El país está al borde de una explosión social”, ha manifestado el político antes de prever “el caos y una mayor inestabilidad” si no se toman medidas pronto.Con la economía rusa en un estado delicado, el paradero de Nabiúllina, que acaba mandato en junio de 2027, es cuestión nacional. Varias fuentes de la Administración Presidencial, el Banco Central de Rusia y una televisión estatal dijeron al canal de noticias de Telegram Mozhem Obviasnit que la economista negocia con Putin cumplir su mandato siempre y cuando la “operación militar especial”, la guerra de Ucrania, no se intensifique todavía más y el Kremlin declare la ley marcial dentro de Rusia o cierre las fronteras. En ese caso, una renuncia podría ser considerada una traición, aunque la presión sobre la alto cargo para seguir en el puesto ya es enorme incluso hoy. Según el canal, Nabiúllina aún espera una respuesta.