La esperanza llegó con los muslos al aire. Hace dos veranos, estrellas como el cantante Harry Styles o el actor Paul Mescal se propusieron liberar las piernas del hombre luciendo los pantalones más cortos posibles. Se los apodó shorts shorts (“shorts cortos”) y las revistas de moda se lanzaron a vaticinar el fin del reinado de los pantalones largos en verano. Pero, tal vez, lo hicieron con más ilusión que acierto. Porque, una vez pasó el furor, el complejo masculino sobre las bermudas sigue existiendo y, aunque el calor sea ahora incluso mayor, hay una prenda ajena a cualquier moda que, por comodidad, pereza o pudor, sigue dominando el armario masculino durante todo el año. Llueva, nieve o abrase, los vaqueros se resisten a morir.La periodista británica Chloe Mac Donnell anticipaba el regreso del pantalón más universal el pasado mes de junio en una de sus crónicas de la semana de la moda de hombre de París para el diario The Guardian, titulada ¿Demasiado guays? Por qué los hombres siguen llevando jeans incluso en una ola de calor. “Aunque las marcas repartían paraguas y toallas heladas para aliviar el calor, las primeras filas estaban repletas de invitados con vaqueros”, escribía. Mac Donnel ilustraba la tendencia con los datos de detrás de algunos de los modelos más codiciados: en comparación con la semana previa a la primera ola de calor de este verano, las búsquedas de los vaqueros de Carhartt habían aumentado un 100% y los de la marca japonesa Edwin un 200%. El cabecilla de esta corte de hombres que en verano se aferran aún más a los jeans es, por supuesto, Jonathan Anderson, director creativo de Dior. En la presentación de su desfile en una de las semanas más calurosas del año lució su habitual uniforme de trabajo— pantalones Levi’s y zapatillas Salomon— que, según ha reconocido muchas veces, le ayuda a vivir con más facilidad y a separarse de las fantasiosas colecciones a las que dedica su vida como diseñador. Detrás de él desfila un infinita lista de estrellas que, a lo largo de estos meses, también han hecho de los vaqueros su particular uniforme veraniego.Aún en pleno julio, los actores Tom Holland y Robert Pattinson coincidieron con distintos tonos de jeans en la presentación de La Odisea en el Savoy Place de Londres. También apostaron por ese equilibrio entre lo formal y lo informal Kit Connor, en la reciente alfombra roja de la película Heartstopper Forever, y, sobre todo, Javier Bardem, talismán de la selección española, que no se separó de sus vaqueros en ninguna de sus apariciones virales apoyando al equipo por los estadios de medio Estados Unidos. Pero el fenómeno va mucho más allá de las celebridades.En el campo y en la ciudad, en el trabajo y en la calle, es casi imposible darse un paseo estos días y no encontrar a decenas de hombres de todas las edades que, embutidos en sus vaqueros, soportan el calor combinándolos con todo tipo de estilos. Pero, ¿por qué se mantiene esta fijación en pleno 2026 y no se opta por cortes o telas más refrescantes? Para Pedro Mansilla, sociólogo, crítico de moda y autor de Sociologías de la moda (Catarata, 2025), los motivos detrás de esta decisión se dividen en dos grupos. “En la moda hay una regla que opera siempre, sobre todo para los hombres, y es que todo el rato jugamos con un elemento racional y otro irracional”.Todo al azul“Desde el punto de vista racional son perfectos. Tienen un lavado muy fácil y, si tienes un mínimo gusto, es fácil distinguir cuáles te sientan bien. Además, te permiten el placer de estrenar constantemente, puedes tener 30, porque uno por una cosa y el otro por otra, y si te cansas los puedes desechar porque son muy baratos”, reconoce. De hecho, la semana pasada Mansilla se compró sus últimos vaqueros en Humana: un modelo de la marca Jopp! y de color verde pino desgastado que suma a una colección que roza ya el centenar de jeans y que, por supuesto, también usa en verano.“Son extremadamente cómodos para salir a la calle. Te duchas, te los pones rápidamente y puedes salir como quieras: con cualquier zapato, sandalia, calcetín y hasta descalzo. Van bien con todo y se pueden llevar sucios, rotos, pintados y rayados. Cualquier otro pantalón te exige un trance y una formalidad de pensar con qué combinarlo y no admite tan bien las manchas”, añade. Aunque lo separan varias generaciones de Mansilla, el creador de contenido de moda Juan Arribas también es un firme partidario de los vaqueros por motivos similares.“Admito que soy de esos que usan vaqueros largos en verano, independientemente del calor que haga. Me gustan porque evitan que las piernas te rocen y suden más de la cuenta y, al no llevar la piel tan expuesta al sol, tengo la sensación de que no paso tanto calor. Además me encantan como quedan con chanclas y soy de los que se toma muy en serio la regla de que, si llevas algo corto en la parte de abajo, no puedes llevar algo corto en la parte de arriba. Por eso, si quiero llevar una camiseta de manga corta, opto por un pantalón largo”, defiende.“Un vaquero es la prenda perfecta. Si quieres vestir más urbano puedes combinarlo con zapatillas y una camiseta oversize o probar todas las combinaciones en el espectro que hay entre lo formal y lo casual: con mocasines y camiseta, con sobrecamisa y sneakers, con un polo”, explica. “Creo que el hecho de que se lleven tanto en verano es una mezcla entre querer mantener el estilo, cumplir con el código de vestimenta de las oficinas y un poco de inseguridad por mostrar las piernas. Por la calle veo a muchos hombres con bermudas siguiendo el legado de Harry Styles, pero creo que no todos quieren arriesgar y prefieren optar por los vaqueros largos, que están socialmente más aceptados”.De aquellos miedos, estos jeansEn la inseguridad es donde Mansilla encuentra la justificación irracional al incontestable reinado de los vaqueros: “Existe un miedo a hacer el ridículo que nos impide vestir más fresquitos con pantalones cortos y que está impreso en la cultura masculina desde hace siglos. En Europa viene de una de las victorias del protestantismo. La Gran Renuncia Masculina del siglo XVIII redujo al hombre a un arquetipo estricto calvinista y lo castigó a vestirse de cura”.El sociólogo destaca la fascinación de la moda masculina previa al siglo XVIII por el exceso y las medias que marcaban las piernas de nobles y reyes. Pero desde entonces, y a pesar de que modelos tan conservadores como los uniformes militares del ejército inglés en la India intentasen demostrar que lucir bermudas no estaba reñido con la autoridad, las piernas masculinas fueron condenadas a resguardarse bajo los pantalones largos. De allí, que la aparición de los vaqueros, concebidos para resistir el trabajo duro y huir de toda ostentación —dos principios que encajan a la perfección con el ideal protestante—, escalasen hasta convertirse en el grado cero del armario de cualquier hombre.“En 200 años los jeans han recorrido la escalera social completa. Tanto Andy Warhol como Yves Saint Laurent hubiesen dado la vida por inventar los vaqueros. Son una de las prendas con más éxito de la historia de la moda, pero sobre todo de la historia del siglo XX. De hecho, si somos tan sentimentales como decimos, el hombre tendría que haber ido a la luna en vaqueros”, asegura Mansilla. Aunque el resistente tejido teñido con índigo ya se hubiera popularizado en Génova y en los talleres de Nimes, de allí los nombres en inglés de jeans y denim, el nacimiento del vaquero moderno se fecha en 1873.En ese año un inmigrante alemán, Levi Strauss, que había abierto una tienda para abastecer a los mineros californianos, patentó un método para hacer que los pantalones de ese tejido fueran más resistentes. Les añadió remaches de cobre y no tardaron en convertirse en un clásico para todo tipo de trabajadores. Entre ellos, claro está, los vaqueros. Pero no fue hasta los años cincuenta, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los jeans empezaron a calar entre los universitarios, que buscaban una nueva informalidad, y estrellas como Marlon Brando y James Dean los despojaron de su carácter obrero para cubrirlos de rebeldía y alzarlos a la categoría de mito.España no tardó en emular el modo de vida estadounidense y, con el tiempo, los vaqueros se convirtieron a su vez en un punto de inflexión para la moda patria. “La mayoría de diseñadores del prêt-à-porter español de los años setenta y ochenta como Roberto Verino, que luchaban por separarse del mundo de la sastrería y la modistería, empezaron haciendo vaqueros porque era uno de los productos que menos problemas daba al cambiar y ajustar la talla. El corte inglés se inflaba a vender jeans americanos pero también españoles como Francis Montesinos”, explica Mansilla. Precisamente en los años ochenta casas como Versace, Armani o Calvin Klein resucitaron la prensa reivindicando el concepto de jean de autor.Pero pocas estampas retratan mejor la mitología que arrastra la prenda como los nueve días que Andy Warhol pasó en Madrid en 1983 invitado por el galerista Fernando Vijande. El artista llegó enfundado en sus jeans y se negó a quitárselos bajo ningúna circunstancia. Según relatan las crónicas de la época, cuando las altas esferas, como la familia March, le invitaron a cenar con la estricta etiqueta del esmoquin, él decidió ponerse el traje encima de sus innegociables vaqueros.Esta rebeldía teñida de índigo es, quizás, el argumento que mejor explica la inmortalidad de la prenda. “Los jeans siempre han estado ligados a líderes revolucionarios que se negaban a aceptar la formalidad del traje”, defiende Mansilla. “Nos conectan subliminalmente a la adolescencia eterna, al síndrome de Peter Pan. Mientras sigas llevando unos jeans, seguirás siendo joven. La publicidad lo vende así: unos vaqueros te rebajan 20, 30 o 40 años simplemente por llevarlos”. Porque no hay nada más irracional y transversal que el miedo a envejecer y esta fobia no es, precisamente, de las que se toman vacaciones de verano.