El verano es la única estación del año que ‘repele’ el jean de nuestro armario como segunda piel. Un aluvión de vestidos lenceros, largos o volumétricos, junto a otras fórmulas que acortan el tejido denim como los jorts y petos, hace que su silueta versátil quede olvidada en el trastero hasta el otoño. Con una excepción: el vaquero blanco.
Multitud de personalidades han promovido su papel como comodín de los meses más cálidos a lo largo de la historia. En los años sesenta, su silueta capri acompañó en numerosos viajes ya como primera dama (Camboya, entre otros) a Jacqueline Kennedy Onassis. Un corte pesquero y estilizado que también lucieron Marilyn Monroe y Audrey Hepburn entre rodaje y rodaje de algunas de sus películas más afamadas al comienzo de la década.
Con una silueta acampanada, se reafirmó en el armario bohemio de mujeres como Farrah Fawcett en los años setenta, convirtiéndose en uniforme oficial de toda supermodelo tras publicarse la portada de Vogue Usa de abril de 1992. Capitaneada por Cindy Crawford frente al objetivo de Patrick Demarchelier, quedó claro que el empoderamiento femenino en la moda debía vestirse de blanco, de pies a cabeza. Vaqueros incluidos.
Con la resaca dosmilera aún latente y nuevos patrones en la pasarela, el vaquero claro sigue reinando en los meses de estío sin competencia. Diseñadoras como Chemena Kamali para la firma Chloé lo integran en un total look blanco y lencero, con un diseño de tiro casi infinito acorde con la fiebre bohemia que caracteriza a esta PV 25.






