“Rughi es familia”. Esta frase resume y expresa todo lo que Bruna Bravo siente por su perro, su fiel compañero desde que llegó a España desde su Brasil natal. Este gracioso carlino de 12 años comparte vida y aventuras con la odontóloga y creadora de contenido, como reflejan muchas de las fotos que comparte en su perfil de Instagram, que cuenta con más de 120.000 seguidores. Bruna se deshace en halagos con su perrito, de quien dice que tiene “una cara arrugada típica de los carlinos y unos ronquidos que parecen de señor mayor”.En Instagram dejas claro lo que representa Rughi para ti: “Mi compañero de vida. Lo más bonito que tengo”Es así. Vivo sola con él desde que llegué a España. Cuando vives lejos de tu país y de tu familia, la compañía se vuelve algo mucho más importante. Rughi es familia. Es compañía incondicional, presencia constante y una fuente enorme de calma. Hay días buenos y otros complicados, pero él siempre está igual: feliz de verme, sin juicios y con una lealtad que emociona. En casa, suelo hablar con él. Siempre le digo, en broma, que es el único que me quiere y me entiende. Estando los dos en el sofá de casa, en silencio, valoro la suerte de tenerlo.No todo el mundo puede decir que lleva 12 años compartiendo vida con su perroExacto. Para mí, es un privilegio. Rughi llegó a mi vida porque una amiga mía vivía con la madre de Rughi, que se quedó embarazada y dio a luz a varios cachorritos, entre ellos, el mío. No es el primer perro con el que convivo. De hecho, cuando llegó Rughi, yo vivía con una bulldog francesa llamada Punchi, a la que tuve que sacrificar hace tres años porque estaba muy enferma. Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida.Ya imagino. No sé si, además de perros, has tenido otros animalesSí, ¡muchos! Yo crecí en una casa con animales. Siempre estuvimos rodeados de perros, gatos, papagayos… de todo. Para mí, convivir con animales siempre ha sido algo muy natural.¿Cómo gestionas tu día a día con Rughi?Cuando no estoy trabajando, me acompaña absolutamente en todo. Rughi está todo el día pegado a mí, es casi como una extensión de mi cuerpo. Paseamos, vamos a comer fuera, me acompaña a muchos sitios… Incluso, cuando hago deporte, se pone en medio todo el rato, ja, ja, ja. Y, cuando me ducho o voy al baño, también quiere entrar conmigo. Tener un perro condiciona bastante tu vida, pero, si decides hacerlo, él ha de ser una prioridad, como lo es para mí.Tiene carita de bueno. Lo debe de ser, aunque tendrá sus cosas, como todos¡Sí! Rughi tiene muchas manías. La primera es que ronca como un señor mayor. Y otra que me pone muy nerviosa es cuando vamos en coche y sabe que estamos llegando a casa. Empieza a saltar y a hacer ruidos porque quiere bajar corriendo. Y, claro, yo todavía tengo que aparcar y recoger las cosas, y él está desesperado por salir, ja, ja, ja.¿Eres muy estricta con él?La verdad es que es un perro muy educado, porque desde pequeño le he marcado límites muy claros. Creo que los perros los necesitan. Rughi me entiende mucho por el tono de voz. Apenas ladra, porque no soporto a los perros que ladran por todo. Tampoco pide comida cuando estamos comiendo. Alguna vez lo intenta, pero solamente con mirarlo ya entiende que no debe hacerlo, y se aparta. Creo que educar bien a un perro es una forma de cuidarlo, y también de respetar a los demás.Has comentado que, para ti, tu perro es una prioridad. Aun así, los gastos o el daño que pueda ocasionar en casa o a otros animales pueden ser motivo de preocupaciónPor suerte, Rughi no ha tenido grandes problemas de salud, así que los gastos han sido los habituales. Con Punchi, sin embargo, viví una etapa muy dura. Tuvo dos hernias en la columna y cada cirugía costaba alrededor de 4.000 euros. Recuerdo que la primera vez lloraba por la perra y, la segunda, lloraba por la perra, por mí y por mi economía. Con el tiempo, perdió la sensibilidad en las patas traseras, tuvo que usar pañales y una silla de ruedas. Fueron años muy difíciles, porque mi vida estaba completamente condicionada a sus cuidados. Cuando tenía que salir de casa, me sentía fatal, pensando si estaría bien o sufriendo. Emocionalmente, fue muy duro.Hablando de emociones, ¿te ha ayudado Rughi a superar un bache personal?Creo que a todos nos pasa que, en algún momento malo de la vida, te dan ganas de desaparecer, meterte en la cama y no salir. Sin embargo, cuando tienes un animal a tu lado, eso cambia. Lo miras y sabes que depende de ti: necesita que lo saques a pasear, que le des de comer, que le hagas caso... Rughi me ayuda cada día. Me despierta, me hace compañía… Muchas veces siento que no necesito nada más que eso.¿Has descubierto algo de ti que desconocías desde que vives con Rughi?Siempre he sido una persona muy independiente. Me cuesta echar de menos a la gente. Quizá porque he vivido lejos de las personas a las que quiero y aprendí a protegerme. Sin embargo, con Rughi es distinto. No puedo estar mucho tiempo lejos de él. Me cuesta dormir si no escucho sus ronquidos cerca.¿Te gustaría tener otro perro?Rughi ya tiene 12 años y, desde hace un tiempo, me duele pensar que no estará conmigo siempre. Ahora que solamente lo tengo a él, quiero disfrutarlo todo el tiempo posible. Cuando no esté, seguramente tendré otro perro.Hablemos ahora de redes sociales, un área que dominas. ¿Cómo ves la humanización excesiva de los animales?Yo adoro a mi perro, lo mimo y lo cuido todo lo que puedo, pero sigue siendo un perro e intento tratarlo como tal. Es bonito mostrar el vínculo con ellos, sin olvidar que tienen necesidades propias de su especie. Cuando los humanizamos demasiado, a veces nos olvidamos de eso.Aun así, ¿le abrirías un perfil en Instagram o TikTok?Punchi y Rughi tienen perfil en Instagram. Hace tiempo que ya no subo fotos, pero, en su momento, lo hacía, porque es una manera de guardar sus mejores fotos.Cuéntame en qué proyectos profesionales andasEste año, sigo con Risas a Ciegas, un proyecto que mezcla humor y citas a ciegas y que está creciendo mucho. Junto con Ares Teixidó hemos lanzado en YouTube un nuevo formato, llamado A Puerta Cerrada. Y, en casa, todo sigue igual: Rughi roncando en el sofá y acompañándome en todo. Al final, los perros no te cambian la vida con grandes gestos. La cambian con algo mucho más simple: estando ahí todos los días.Silvia Alberich