En el corazón de la comarca de la Noguera, a los pies de la imponente sierra del Montsec, en la provincia de Lleida, se encuentra un enclave donde el tiempo parece haberse detenido. Àger es una villa con una profunda impronta medieval, cuya arquitectura y calles aún conservan su esencia gracias a la gran muralla del siglo XI que la protegía de los peligros del exterior. Sin embargo, más allá de sus piedras milenarias y de su relevancia histórica durante la Reconquista —fue liberada del califato en 1047 por Arnau Mir de Tost—, esta localidad catalana se prepara para ser protagonista de un acontecimiento astronómico sin precedentes recientes: el eclipse solar total del próximo 12 de agosto.

Para apreciar la majestuosidad que desprende Àger, es necesario dirigir la mirada hacia una de las zonas más altas del pueblo. Allí se alza con fuerza el Conjunt Monumental del Castell i Col·legiata de Sant Pere, catalogado como Bé Cultural d'Interès Nacional por la Generalitat de Catalunya. Esta construcción es un ejemplo de cómo la historia antigua sigue viva en pleno siglo XXI.

A mediados del siglo XI, en torno al año 1047, el noble Arnau Mir de Tost reconquistó la villa y, tras hacerlo, ordenó la construcción del castillo y de la muralla defensiva que rodeaba el lugar, así como de la posterior colegiata. En un primer momento se levantó como iglesia de San Pedro y, posteriormente, en el siglo XVI, pasó a ser colegiata. La edificación del complejo respondió a una doble necesidad: la defensiva, como punto estratégico de control sobre la cuenca del valle, y la religiosa, mediante la implantación de una comunidad eclesiástica dependiente directamente de la Santa Sede.