Un estudio demuestra que la exposición a la contaminación atmosférica, especialmente a partículas finas como polvo, hollín y humo (PM2,5), se asocia con una mayor actividad de la artritis reumatoide y con un mayor riesgo de brotes.

Detrás de la investigación hay científicos de distintos centros de Corea del Sur, quienes publican sus hallazgos en Annals of the Rheumatic Diseases, revista de la Alianza Europea de Asociaciones de Reumatología (EULAR).

Según los autores, los resultados subrayan la importancia de que los profesionales de la salud y los responsables de formular políticas públicas reconozcan el impacto de estos contaminantes en el manejo de la artritis reumatoide (AR).

La AR es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por inflamación y daño articular. Además, puede presentar síntomas sistémicos que afectan otras partes del cuerpo, más allá de las articulaciones.

Muchos factores contribuyen a su desarrollo, como la genética, las alteraciones del sistema inmunitario y la exposición a factores ambientales. El tabaquismo es una de las variables de riesgo mejor establecidas.