La sede del Banco Popular de China, el banco central, en Beijing. REUTERS/Jason LeeChina activó una cacería fiscal global sobre fortunas en el exterior y reclamó impuestos impagos de hasta 25 años atrás, en una ofensiva lanzada desde Beijing para cubrir un deterioro de sus ingresos públicos y reforzar el control sobre la salida de capitales.La campaña alcanzó ganancias obtenidas en inversiones y activos fuera del país, en algunos casos desde 2000, según Financial Times, que citó a funcionarios extranjeros, banqueros chinos y gestores de patrimonios familiares. El giro coincidió con una caída de la recaudación y con el derrumbe de otra fuente clave de recursos estatales: las ventas de tierras, que pasaron de 8,7 billones de yuanes en 2021 a 4,15 billones de yuanes tras la crisis inmobiliaria.PUBLICIDADBancos e instituciones financieras recibieron instrucciones para revisar inversiones en el exterior de ciudadanos chinos con grandes patrimonios y verificar si esos ingresos fueron declarados ante las autoridades tributarias. La revisión incluyó bienes raíces, acciones, metales preciosos y criptomonedas, además de estructuras en fideicomisos offshore.En el sur de China, un banquero dijo al diario que en los últimos meses varias entidades coordinaron con la administración tributaria el congelamiento de cuentas de depositantes adinerados hasta comprobar el pago de impuestos sobre ganancias de capital ligadas a activos, cuentas y fideicomisos en el exterior. Añadió que la práctica habitual fue que esos clientes pagaran de inmediato multas y tributos en efectivo para reactivar sus fondos.PUBLICIDADUna bandera china ondea en el edificio del Ministerio de Comercio de China en Beijing, China. REUTERS/Florence LoLa ofensiva no tuvo un período uniforme. El jefe de una oficina patrimonial con sede en Shenzhen afirmó que a sus clientes les exigieron pagos por ganancias offshore acumuladas entre 2017 y 2022, sin que hubiera una explicación oficial sobre ese recorte temporal.China persiguió a sus contribuyentes más ricos por rentas obtenidas fuera del país y endureció el cerco sobre los canales financieros usados para mover patrimonio al exterior. La consecuencia inmediata fue doble: más presión recaudatoria para el Estado y menos margen para que las grandes fortunas mantuvieran activos offshore fuera del radar fiscal.Victor Shih, profesor de economía política china en la Universidad de California en San Diego, dijo que la motivación de la nueva campaña fue “claramente fiscal”. Los ingresos presupuestarios, muy dependientes de los impuestos, se estancaron tras la pandemia y cayeron 1,7% hasta 21,6 billones de yuanes en 2025.PUBLICIDADEl mes pasado, el Ministerio de Finanzas y la Administración Tributaria Nacional introdujeron nuevas reglas para los activos transferidos a fideicomisos en el exterior y cerraron un vacío que los individuos ricos usaban desde hace años para resguardar patrimonio fuera de China. Bajo ese esquema, los ingresos generados por esos vehículos quedaron sujetos a un impuesto de 20% en múltiples etapas.Un banquero con base en Singapur que administra activos offshore de clientes chinos dijo que la medida “sorprendió” a esos patrimonios. Explicó que, durante los años de auge de las salidas a bolsa, una estructura fiduciaria adecuada permitía proteger ingresos de la carga tributaria, pero que la nueva norma eliminó esa ventaja.PUBLICIDADSingapur,