El �bito de Pepe Habichuela supone el cierre de un proceso que, aunque no definitivo por cuanto hay legatarios que no podemos subestimar, implica eso s� la finalizaci�n emocional de una escuela guitarr�stica granadina que con �l parec�a inacabada.Granada es, obviamente, un notable recuento de una vida modelada por los grandes acontecimientos de la cultura andaluza, pero tambi�n es un n�cleo importante de gestaci�n flamenca, especialmente en sus cantes y bailes gitanos de las estribaciones del cerro de San Crist�bal, con su sello tan peculiar, y en el ardiente y arrebatador sonido de la guitarra.Para saber m�sPero los discursos locales ceden terreno a la universalidad y tradici�n lograda por la guitarra y los guitarreros granadinos, aspectos que llaman la atenci�n de todo el mundo y que confieren a Granada un inter�s fuera de lo com�n, una identidad y un vigor dignos de la mayor consideraci�n, tanto desde la escuela de la guitarrer�a granadina que principi� en la Casa Ferrer en 1875, cuanto por la inmensa cantidad de guitarristas que aplicaron, de forma coherente y efectiva, todo su esfuerzo a la configuraci�n de un legado capaz de dinamizar el panorama flamenco.Entre el largo centenar de guitarristas censados, destaca Pepe Habichuela, instrumentista que, de entrada, confirma que sus dise�os y colores arm�nicos son el alma de un estilo genuino del que derivaron no s�lo tonalidades, sino las formas de las variantes danzantes circundantes, pero tambi�n simboliza, junto a su hermano Juan, las ramas m�s frondosas del �rbol familiar del mismo apodo.Pepe Habichuela procede de una familia flamenca y gitana que, fundada en la segunda mitad del siglo XIX, arranca con el cantaor y guitarrista Jos� Carmona, m�s conocido por Mandeli, lo que justifica aquel disco en solitario que le dedicara en 1983. La dinast�a tuvo continuaci�n en sus hijos T�a Marina, cantaora, y en T�o Jos� Habichuela. Fruto del matrimonio de �ste con Luisa Carmona Campos nacieron Juan, Dolores, nuestro protagonista Jos� Antonio, Luis, Concha y Carlos.Es desde finales de los sesenta del pasado siglo cuando Pepe llama la atenci�n en los festivales de la can�cula as� como en grabaciones con Jarrito (1968) y en el disco colectivo Fiesta Gitana (1970), para despu�s dejar su sello con Juan Cantero (1975), Fosforito y Pansequito (1976 y 1977), Jos� Sorroche (1978), Manuel Gerena (1977 y 1979), Carmen Linares (1984) o Ketama (1985), con los que constata la mejora y consolidaci�n de un estilo en aras de presentarse como una met�fora de la herencia recibida.Pero el m�ximo rendimiento de todas sus fuerzas musicales se constata a ra�z del acompa�amiento a Enrique Morente en obras como Despegando (1977), Homenaje a don Antonio Chac�n (1977), La voz creadora (1988) o Negra, si t� supieras (1992), en las que la guitarra se muestra af�n a la concepci�n musical del cantaor y a una demostraci�n de c�mo el instrumento cord�fono puede adaptarse tanto al contenido como a las formas cantaoras, revelando, al mismo tiempo, una visi�n de conjunto, como si cada aporte discogr�fico de Morente perteneciera, de principio a fin, a una estructura �nica.Prima en ellos la claridad, pero tambi�n el entendimiento m�s cabal, el ser las dos caras de una misma moneda, aunque ambas expresadas en lenguajes distintos. La explicaci�n es que los dos part�an de una tradici�n bien asimilada, tanto que la utilizaron como fuerza creadora, como fuente de sabidur�a, pero tambi�n de amor y unidad, como quienes conducen sus almas hacia la salvaci�n a trav�s de un mismo concepto musical.Obvio es sacar, en conclusi�n, que el significado contributivo de Pepe Habichuela es la energ�a creadora que, lejos de ejercer una funci�n meramente expansiva, el compositor le confi� a sus contexturas una escritura de gran exigencia t�cnica y expresiva, a lo mejor vanguardista para algunos, pero flamenca para todos.Guardaba en ese aspecto la ac�stica, la afinaci�n y la buena proyecci�n expresiva, pero sin perder pureza t�mbrica, lo que contribu�a a la riqueza del color sonoro y a que el oyente tuviera la percepci�n de una buena articulaci�n conjunta.Su �ngulo de visi�n fue, en tal sentido, vanguardista, pues se enfrent� igualmente a retos de naturaleza diversa, e incluso buscaba m�ltiples planos, desde la novedad en las formas y en el estilo a la redondez que podr�a aportar a otros g�neros musicales, como justifica con sus colaboraciones con m�sicos ajenos a lo jondo, lo que no resta un �pice a que testimoniara su val�a en tres grandes obras en solitario, la ya citada A Mandeli, as� como Habichuela en rama (1997) y Yerbag�ena (2001), donde hizo una fusi�n con la m�sica india.En los trabajos rese�ados, la guitarra de Habichuela resulta arrebatadora a la vez que nos remueve por momentos de forma elocuente, por m�s que a su mujer, Amparo Bengala, no le gustaran mis cr�ticas, sobre todo la de la Bienal de 2006, s�lo las alabanzas de los palmeros.Con todo, la �ltima vez que habl� con Pepe Habichuela, siempre tan educado, fue en Pamplona, y convinimos en que el clasicismo flamenco ve que lo imperfecto de T�o Jos� Habichuela encuentra la plenitud en la guitarra de su hijo Pepe, donde lo indescriptible se hace realidad, m�xime cuando es de una clara caracterizaci�n t�mbrica, y lo mismo colorea y da una adecuada transici�n entre los bloques mel�dicos del cante, que es precisa y equilibrada en las prestaciones en solitario. Ese ha de ser nuestro recuerdo.
Pepe Habichuela cierra un ciclo en la guitarra granadina
El �bito de Pepe Habichuela supone el cierre de un proceso que, aunque no definitivo por cuanto hay legatarios que no podemos subestimar, implica eso s� la finalizaci�n...











