A los 48 años, una mujer decidió poner en palabras una historia que la acompaña desde la adolescencia. Allí contó que mantiene una relación muy difícil con su madre desde hace décadas y que, lejos de convertirse en un modelo a seguir, terminó enseñándole exactamente qué clase de madre no quería ser. "Tengo 48 años y mi madre me enseñó qué tipo de madre yo no quería ser, ella es quien me dio la vida, y también saca lo peor de mí", resume la autora al describir un vínculo que define como el más complejo de toda su vida.Según relató, las razones del distanciamiento son múltiples. Explicó que cuando era chica su madre no la protegió como necesitaba, que muchas conversaciones terminaban girando alrededor de ella misma y que con frecuencia recurría a conductas manipuladoras. También afirmó que hacía comentarios pasivo-agresivos sobre ella frente a sus hermanas y que, con el tiempo, comenzó a repetir ese comportamiento con sus propios hijos.El dilema de mantener el vínculo con la abuelaLa autora reconoció que durante años se preguntó si debía alejar a sus hijos de su madre. Sin embargo, concluyó que la relación que ellos construyeron con su abuela es distinta de la que ella tuvo durante su infancia.Con el paso del tiempo, explicó, sus hijos fueron formando su propia mirada. Incluso recordó una conversación con su hija, quien le preguntó por qué ella y su abuela eran tan diferentes. Aunque evitó responder con crudeza, admitió que la respuesta que le surgía era sencilla: hacía todo lo posible por no repetir el modelo de crianza que había recibido.Las diferencias, contó, también se reflejan en decisiones cotidianas. Mientras que su madre no se preocupaba demasiado por saber dónde estaba durante la adolescencia, ella reconoce que en ocasiones fue incluso sobreprotectora. La autora contó que, después de muchos intentos frustrados por recomponer el vínculo, decidió aceptar que la relación con su madre probablemente nunca cambie. Incluso explicó que suele limitar el tiempo que pasa con ella porque nota que esos encuentros afectan su salud mental y su estado de ánimo, algo que también repercute en sus hijos cuando ella no está bien.La mujer también reflexionó sobre los riesgos de intentar compensar una infancia difícil. Reconoció que muchas veces buscó darles a sus hijos todo aquello que ella sintió que le había faltado: seguridad, atención y la certeza de que siempre serían su prioridad.Una decisión para proteger la salud emocionalLejos de presentar esa decisión como un acto de resentimiento, sostuvo que aprendió la importancia de proteger la propia paz emocional. También afirmó que haber recibido la vida de una persona no implica necesariamente que esa persona actúe siempre en beneficio de sus hijos.Al cerrar su testimonio, aseguró que las heridas que dejó esa relación siguen presentes, pero también cree que la ayudaron a convertirse en una mejor madre. "Mi madre me mostró que podía ser todo lo que quería siendo exactamente lo contrario de ella", escribió.