Reza la frase popular que "Madre hay una sola", y suele ser muy cierto. Existen distintos estilos de maternidad y el estereotipo de cada década es diferente. pero la reflexión de una mujer de 35 años sobre el sacrificio y el altruismo de su mamá deja de manifiesto un sentimiento generalizado en muchas personas que ven a su madre sin pedir nada a cambio.Quizás, uno pase toda la vida sin reparar en esto, pero hay que saber que nunca es tarde para darse cuenta de todo lo que una madre da, mientras uno tenga la suerte de tener a su mamá viva.El relato de una mujer de 35 años cuenta que un día se dio cuenta de una situación cuando, en una reunión familiar para muchas personas, su madre cocinó durante horas para todos, limpió todo rápido y ni siquiera se sentó con ellos para disfrutar de una copa de vino. "Estoy bien", fueron las palabras que le dijo.Esta oración, justamente, le llamó la atención a la mujer, quien reflexionó sobre la generosidad de su mamá, y cayó en la cuenta de que nunca le preguntó cómo se siente: algo tan básico como oculto en esa relación madre-hija.Una enseñanza anterior, la generosidad de su madre y cómo aclaró sus ideas sobre la relación parentalQuien escribió la confesión contó que su mamá cumplió 67 años. Desde que ella era chica, su madre cocina en la misma cocina, con los mismos platos y el mismo delantal de siempre. Para la reunión o fiesta que la mujer confiesa que le disparó la reflexión, su madre había estado cocinando durante horas.Detalló que cuando se fueron ya había limpiado todo y que no se tomó una copa de vino con ellos, asintió con la cabeza, dijo que estaba bien y volvió a la cocina. "Desde entonces, no dejé de pensar en ese momento. No porque fuera inusual, sino porque era completamente normal, y ese es precisamente el problema", relató.Desde ese momento, ese click mental o el momento eureka que sintió, asegura que repasó que su mamá hacía y dijo que nunca se detuvo a preguntarle cuánto le costaba. Dijo que tampoco ella nunca se había ofrecido a ser parte de eso, o que su madre tampoco le dio el espacio para hacerlo.Pensó que quién le enseñó a cocinar y recibir personas en su hogar, le dijo que ese era el papel que debía desempeñar. "Nadie llega a los sesenta y siete años de altruismo por casualidad", sentenció. Obviamente, alguien le sirvió de ejemplo y que esta misma dinámica existía en la casa donde creció. Piensa que su mamá no recibió esto como a una lección, sino como la esencia de lo que hace una mujer y lo que es una madre.Nunca es tarde para forjar otra relaciónLa última reflexión hace alusión al tiempo. Su madre ya no es joven, no sabe cuántos cumpleaños como el vivido pasarán, pero sí está segura de que no solamente depende de ella el cambio, sino de que su mamá también se abra y deje la puerta abierta para otros momentos.Otra de las ideas que suscribe es que le dio las gracias innumerables veces, pero que nunca por lo más importante: cuánto se entregó por la familia. "Nunca le dije: sé que no siempre fue fácil o quiero saber cómo te sientes realmente", sentenció.Si bien habla con ella por teléfono todas las semanas, sus charlas nunca exploran la intimidad de su madre: lo que realmente piensa, siente, desea y teme. Su hija quiere saber si la vida que construyó es la que habría elegido, pedirle que no le hable solo como a su hija, sino como un adulto que por fin está lista para empezar una nueva relación con su madre.