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Fue revelador ver al futuro gabinete presidencial prosternado en pleno ante los sermones de un cura, el poder de la Biblia y la oración colectiva. También fue trastornador por lo patético de la escena. Ver desde afuera de la fe a una feligresía ejerciendo los ritos de su credo es siempre una experiencia extraña. Causa curiosidad, inquietud, emoción… temor, incluso. Pero ver a los más altos funcionarios públicos, en vísperas de su posesión, en un rapto religioso, invocando su dios, diciendo que lo ponen por encima de todo en sus decisiones, sentados frente a la Biblia con un corazón encarnado sobre el mapa del país fue una señal de alarma.

‘Patria milagro’ llama el presidente electo su propósito. El ministro del Interior habla de cruzada cuando se refiere a las tareas por venir. La ministra de Cultura dice que es imposible gobernar sin la biblia copiando una frase espuria de George Washington. La ministra de Educación llegó al Congreso por primera vez por un partido cristiano y ha mostrado posturas contra derechos constitucionales que contradicen su fe. El ministro de Vivienda es el líder de la iglesia cristiana Camino a la Libertad. El vicepresidente es servidor de la comunidad católica Emaús y consejero espiritual de matrimonios en crisis.