El presidente Abelardo de la Espriella, un ateo arrepentido que ahora es católico, ha llegado al poder con la fuerza de varias iglesias, especialmente evangélicas, que movilizaron a miles de ciudadanos a su favor y esperan tener un lugar central en su gobierno. En campaña prometió la llegada de una “patria milagro” y se comparó con Ciro el Grande, el rey persa que, según la Biblia, permitió al pueblo de Israel la salida del exilio. Ya elegido, De la Espriella ha repetido en varios discursos la frase “Viva Cristo Rey”, un lema que se repite en cientos de iglesias, pero que en la primera mitad del siglo XX se asociaba al esfuerzo de católicos ultraconservadores para imponer su impronta en el Estado. De la Espriella habla de “poner a Dios en cada decisión de Gobierno”, como el fin de semana anterior, cuando puso de rodillas a rezar a todo su gabinete. El día de su juramento como presidente, invitó a un rabino, un pastor y dos monseñores católicos para una alabanza religiosa frente a todos sus invitados. Colombia empieza apenas a entender quiénes son esos pastores e iglesias que llegaron al Gobierno, y lo que esperan de este. “Me siento muy bien representada por él, confío en la postura provida del presidente, pero también debo decir que quiero más”, dice la congresista Carol Borda, elegida en marzo por el partido que avaló al presidente, Salvación Nacional, y miembro de la iglesia cristiana Misión Carismática Internacional. De allí mismo viene Sara Castellanos, senadora electa por el mismo partido e hija de los fundadores de la iglesia, también excongresistas. Las dos son muy activas en la campaña contra el acceso al aborto y movilizaron a miles a favor de De la Espriella y su partido. Ahora Borda espera especialmente nombramientos claves en esa batalla, en la cartera de salud. La ministra designada por el presidente, la abogada Ana María Vesga, no viene de los sectores religiosos. “No conozco la postura de la ministra de Salud [sobre el aborto], y estoy pendiente de quién vaya a ser superintendente”, cuenta Borda sobre dos cargos claves para el derecho al aborto, que la Corte Constitucional despenalizó en 2022 hasta la semana 24 de embarazo. “En la Cancillería también hay nombramientos específicos que espero, como la embajada en la Corte Interamericana”, añade Borda sobre el tribunal que ha condenado a países como El Salvador por no garantizar el acceso al aborto en unos casos específicos. De la Espriella ha enviado señales de que no defraudará a las iglesias. Nombró al pastor Jaime Andrés Beltrán, exalcalde de Bucaramanga, como ministro de Vivienda; a la exfiscal general Viviane Morales, de la iglesia Casa sobre la Roca, como ministra de Educación; al esposo de Morales, y miembro de la misma iglesia, Carlos Alonso Lucio, en el equipo de empalme; y, en la embajada ante OEA, a Alejandro Ordóñez, un católico ultraconservador que tuvo una campaña de varios años contra el acceso al aborto cuando era procurador general. De la Misión Carismática Internacional, la iglesia de Borda y Castellanos, nombró a la concejal de Bogotá y pastora Clara Lucía Sandoval como gerente del Ejecutivo para la capital.“Nos decepcionamos de muchos partidos en el pasado, hubo mucho manoseo de nuestras iglesias por gente en el Ejecutivo, gente que llegaba al poder y luego le daba pena decir que eran provida. Por eso confiamos en que lleguen personas de nuestro sector a este ejercicio de la política”, cuenta Borda. “No podemos soltar lo que se llama la batalla cultural, es una batalla de la iglesia”. Por batalla cultural se refiere a un movimiento con banderas conservadoras como ir contra el derecho al aborto o a la adopción para parejas del mismo sexo, una referencia que De la Espriella hizo en su discurso de juramento: “Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios y la responsabilidad individual”. Los pastores que apoyaron a De la Espriella en la campaña y que no han sido nombrados en cargos públicos se mantienen cerca de él. Es el caso de Miguel Arrázola, de la iglesia cristiana Ríos de Vida de Cartagena y quien participó en el “retiro espiritual” del gabinete el fin de semana en que todos rezaron. “No estábamos allí simplemente como funcionarios. Estábamos allí como siervos del Señor”, dijo en sus redes sociales. El pastor John Milton Rodríguez, exsenador y líder en Cali de la iglesia Misión Paz a las Naciones, fue de los primeros en apoyar la campaña en 2025, y celebra que la posesión haya sido en su ciudad. El pastor Eduardo Cañas, quien hizo la albanza el día de la posesión presidencial, viene de la iglesia Manantial de Vida Eterna. Otros pastores que mantienen su respaldo son Andrés Corson, de El Lugar de su Presencia, quien hace un mes recibió en su templo al vicepresidente José Manuel Restrepo, un ferviente católico: le regaló una biblia, para que la lea “todos los días de su vida”. “Hace 20 años los católicos y los evangélicos no podían estar juntos en el mismo espacio, pintaban al otro como enemigo, competían”, cuenta Bibiana Ortega, experta en religión y política y profesora de Ciencia Política de la Universidad Javeriana. El exprocurador Ordóñez, por ejemplo, no se entendía con iglesias evangélicas. “Pero en los últimos 15 años pasó lo contrario: con la emergencia de la ‘ideología de género’, y el crecimiento del progresismo en América Latina, católicos y evangélicos vieron que tienen un enemigo común, y juntos han liderado esa batalla cultural contra la legalización del cannabis, por ejemplo, o contra la diferencia”, añade Ortega. La ‘ideología de género’ hace referencia a un bulo en el que se asegura que gobiernos progresistas quieren cambiar la identidad de género de los niños.La profesora Ortega cuenta que una de las decepciones de los evangélicos con el Ejecutivo ocurrió en el Gobierno de Juan Manuel Santos, del 2010 al 2018. Varias iglesias cristianas lo apoyaron al principio, pero luego se sintieron traicionadas. El punto de quiebre ocurrió con la publicación por el Ministerio de Educación de unas cartillas de educación sexual que, supuestamente, promovían esa ideología de género. Otra decepción ocurrió cuando partidos conservadores no se movilizaron a favor de un referendo que buscaba frenar la adopción para parejas del mismo sexo.“Si este Gobierno los traiciona también, quizás habrá divisiones entre las iglesias, como ha ocurrido en el pasado”, dice Ortega. John Milton Rodríguez, por ejemplo, viene de romper con el partido que creó con otros pastores, Colombia Justa Libres. Viviane Morales, la nueva ministra de Educación, rompió con creyentes católicos cuando promovió el reconocimiento legal del matrimonio de iglesias cristianas. “Pero, por ahora, las iglesias lograron alinearse buscando que el mundo se alinee con el paradigma judeocristiano”, dice Ortega.Ana María Bidegain, historiadora de religiones en América Latina y profesora de la Universidad Internacional de la Florida, asocia lo que ocurre en Colombia con el movimiento religioso que ha visto en Estados Unidos cercano a líderes republicanos, desde Ronald Reagan a Donald Trump, y que identifica como el “nacional cristianismo”. “Es una agenda en la que la política usa a la religión más que la religión a la política”, dice. Es decir, la religión no aparece como fuente de sabiduría o reflexión, algo que se hace evidente cuando varios de los Papas más recientes, como Francisco y León XIV, defienden ideas más progresistas que los líderes políticos católicos con banderas ultraconservadoras. “La religión para estos políticos está ahí más bien como rito”, explica Bidegain. “Que se tiren al piso, que levanten la mano, que pidan milagros. Entienden lo religioso como algo mágico, que hace milagros, no sobre el estudio del evangelio o del Concilio Vaticano II”. Es una forma de acercarse a la religión conocida como carismática, y que se acerca a las formas de las iglesias evangélicas. “Desde los años 60, la iglesia católica dice que no se debe imponer su impronta a todo, sino acompañar al conjunto de la sociedad”, dice Bidegain. Es lo contrario al lema de los ultracatólicos mexicanos de un siglo atrás, los cristeros, los que hicieron popular el “¡Viva Cristo Rey!”. “Los líderes políticos de ahora hablan de llevar a Cristo a todo el mundo, de establecer un estado teocrático, de eliminar las diferencias entre el líder religioso y el líder político. La iglesia católica ya no usa esa perspectiva, pero estos movimientos evangélicos sí. Y su alianza internacional puede reventar el catolicismo”, dice Bidegain. En Colombia, con De la Espriella, habrá una prueba de hasta dónde llega esa tensión.
El ejército de la fe: la batalla cultural que varias iglesias quieren ganar en el Gobierno de Abelardo de la Espriella
El presidente empodera a movimientos religiosos que se sintieron traicionados por conservadores del pasado y buscan llevar sus creencias al corazón del Ejecutivo













