La crisis migratoria de Ceuta se ha convertido en el mejor regalo político que ha recibido la italiana Giorgia Meloni en meses. La primera ministra, lejos de dejarlo pasar, lo ha exprimido hasta el último fotograma: amenaza con la suspensión unilateral de Schengen, abanderar una carta firmada por 22 países culpando a España, declaraciones en cascada de sus ministros y una ofensiva mediática en contra de la política migratoria del español Pedro Sánchez. Todo mientras Roma, en paralelo y casi en silencio, ultima la entrada legal de medio millón de trabajadores extracomunitarios. Exactamente lo que dice combatir. La ofensiva relámpago En cuanto se declaró la crisis en Ceuta, el gobierno italiano fue el primero en actuar: el Ministerio del Interior decretó el cierre de fronteras marítimas y aéreas con España, formalmente por un mes, invocando el Código de Fronteras Schengen. El ministro de la cartera, Matteo Piantedosi, se cuidó este martes de matizarlo ante sus colegas europeos en la reunión de emergencia convocada por la propia Italia: no es "una medida contra España", sino una "elección de naturaleza cautelar y organizativa". Nadie en Madrid se lo creyó, y menos aún cuando trascendió que Roma solo aplicaría controles “a campione” (de forma aleatoria). La medida servía más para la fotografía, para la narrativa, que para detener a nadie. Meloni fue más allá. Promovió junto a Dinamarca una carta firmada por 22 países que vinculaba la crisis con la política migratoria “demasiado permisiva” de Sánchez, en referencia a la regularización que Madrid aprobó meses atrás. Solo Francia y Portugal, los dos países que comparten frontera terrestre con España se descolgaron de la misiva. TE PUEDE INTERESAR El problema de esa tesis es que resiste mal el contraste con los datos: Sánchez lo recordó en X citando cifras de Frontex: entre 2021 y 2026, las entradas irregulares por Italia (478.600) casi duplican las registradas por España (234.760). El aislamiento en Bruselas Así, la ofensiva italiana empezó a resquebrajarse casi tan rápido como se montó. En la reunión extraordinaria de ministros del Interior de este martes, los Veintisiete cerraron filas con España: expresaron su "fuerte solidaridad" y su reconocimiento a "la rapidez y la eficacia" de la respuesta española. El comisario europeo de Migración, Magnus Brunner, fue tajante: "Nadie ha pasado de Ceuta a la España continental ni al resto de Europa". TE PUEDE INTERESAR Roma se ha quedado prácticamente sola sosteniendo el tono más duro, aunque sin dar marcha atrás en la suspensión de los controles. Es en ese contexto donde encaja la medida más llamativa del paquete de emergencia italiano: la contratación de 500 agentes adicionales de frontera, aprobada este martes por el Consejo de Ministros dentro de un decreto ley que también reclama un endurecimiento del marco jurídico internacional sobre migración irregular. De nuevo, la fotografía más que la realidad. 500 nuevos agentes son pocos, muy pocos, para un país con casi 8.000 kilómetros de costa. Como gesto operativo, apenas mueve la aguja: la agencia Frontex ya había reforzado su presencia en España, Portugal, Ceuta, Algeciras y Tarifa a través de la operación Minerva, en la que participa la propia Italia. Como gesto simbólico, en cambio, cumple perfectamente su función: demuestra que Meloni "hace algo" frente a la inmigración, que sigue siendo intransigente, que no cede terreno. Se está tratando, en realidad, de un episodio que varios funcionarios europeos vincularon abiertamente con la cercanía de las elecciones italianas. El tiro por la culata: Vannacci De puertas adentro es donde de verdad se libra esta batalla. Fratelli d’Italia, el partido de Meloni, lleva semanas de desgaste en los sondeos: ha caído por primera vez en toda la legislatura por debajo del 27%. Mientras tanto, Futuro Nazionale, el partido fundado hace apenas unos meses por el general Roberto Vannacci, no deja de crecer: ha superado ya a la Liga de Salvini y roza el 7 - 8%, pisándole los talones a Forza Italia. La presión no viene de la izquierda, sino de una derecha aún más dura, la de Futuro Nazionale, que le disputa a Meloni el terreno donde construyó su carrera, la inmigración. Y ahí fue donde a Meloni le explotó el plan en las manos. Vannacci concedió una entrevista a Il Foglio en la que, contra todo pronóstico, se puso del lado de Sánchez: "Está haciendo fatal la gestión migratoria, peor que Renzi y Conte", disparó, recordando que el "decreto flussi" de su propio Gobierno permite la entrada de trabajadores por el llamado click day [un sistema de postulación en línea donde los permisos se otorgan por estricto orden de llegada digital, es decir, el primero en enviar la solicitud gana] sin control posterior. Remató citando los datos de repatriaciones que más incomodan al Viminale: apenas 17.000 devoluciones frente a más de 300.000 desembarcos desde 2023, un 5,5% de eficacia. Incluso celebró que Sánchez repatriara a decenas de miles de personas en horas- "Finalmente, después de décadas de retórica, también la izquierda aprueba el concepto de remigración", aseguró. El Gobierno italiano encajó el golpe con nerviosismo. TE PUEDE INTERESAR El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, zanjó por redes: "A los ministros españoles no les respondo yo, sino los números". Pero la discusión ya no giraba solo en torno a España. Incluso la Liga Norte de Salvini evitó el choque frontal con Vannacci y prefirió desviarlo hacia Madrid. Y la oposición de izquierda aprovechó la grieta para pedir que Meloni compareciera en el Parlamento, una petición a la que esta semana se sumó, por primera vez, también Futuro Nazionale. La paradoja que Roma no quiere mirar Hay, además, una segunda paradoja, más incómoda todavía. Mientras Roma acusa a Madrid de "regularización encubierta", el propio Gobierno de Meloni ultima un nuevo decreto de flujos que permitirá la entrada legal de cerca de 500.000 trabajadores extracomunitarios entre 2026 y 2028, sobre todo para agricultura, construcción, hostelería y cuidados. La cifra se suma a los 590.000 permisos ya concedidos desde que Meloni gobierna, prácticamente el doble que en 2021. El Ejecutivo insiste en que no es una moratoria, sino "planificación" frente a la escasez de mano de obra. La distinción es más formal que sustancial: buena parte de esos permisos terminan regularizando a extranjeros que ya trabajaban en Italia sin papeles, el mismo mecanismo que Roma denuncia cuando lo aplica España. Y el propio decreto funciona tan mal que, según los últimos datos oficiales, en 2025 apenas se formalizó el 7,9% de los permisos programados. TE PUEDE INTERESAR La diferencia entre Roma y Madrid no está tanto en la política migratoria de fondo, pragmática y condicionada por la demografía en ambos países, como en el relato que cada gobierno construye alrededor de ella. Sánchez lo llama regularización y ahora tiene que asumir en Europa el desgaste político de esa etiqueta. Meloni lo llama gestión de flujos, lo trocea en decretos técnicos y lo mantiene fuera del foco mediático que sí reserva para las fronteras exteriores. El resultado en percepción pública es radicalmente distinto. Y esa asimetría es, precisamente, el activo político que Meloni no está dispuesta a soltar hasta que el propio Vannacci decidió señalar la contradicción en voz alta. Ceuta no ha resuelto nada. Europa seguirá virando hacia el proteccionismo en términos de migración. Pero Meloni ya ha ganado en casa, desactivando al menos un rato la amenaza de Vannacci. Por primera vez, el flanco que más le muerde los talones (Vannacci) la ha dejado sola justo cuando más necesitaba parecer inflexible. Y esa es una fractura que no se cierra con un decreto de 500 agentes ni con una carta firmada por 22 países. Se cierra en las urnas. O a lo mejor no.