En 1875, en su célebre tratado sobre plantas insectívoras, Charles Darwin observó con fascinación los pelos pegajosos que cubren a varias especies del género Saxifraga y sugirió que estas plantas podían ser carnívoras y alimentarse de insectos. Sin embargo, ni sus experimentos ni los trabajos posteriores arrojaron resultados concluyentes y la comunidad botánica catalogó a estas especies como simples “protocarnívoras”, por considerar que estos pelos pegajosos eran meros mecanismos de defensa.
Ahora, en un trabajo publicado en la revista Nature Communications, un equipo del Instituto de Botánica de Kunming y la Universidad de Florida liderado por el científico chino Hang Sun ha descubierto el esquivo mecanismo y que el naturalista inglés acertó plenamente con su predicción hace 150 años: Saxifraga candelabrum es, efectivamente, carnívora y puede atraer, atrapar y digerir insectos, además de absorber nitrógeno de ellos. Y no solo eso, la planta atrae selectivamente a sus presas y mientras atrapa masivamente a diminutos mosquitos —de la familia Chironomidae—, deja escapar a moscas y abejas de mayor tamaño, que son los polinizadores que necesita para reproducirse.
Una depredadora de alta montaña






