0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHa sido elegida la mejor pizzería de España, la segunda de Europa y la octava del mundo, según el ranking 50 Top Pizza. Pero su creador, Ciro Cristiano (37 años, Nápoles) contempla su liderazgo con cierta distancia: “Sería tonto si pensase de verdad que mi pizza es la segunda mejor de Europa”. No es que piense que su producto no es bueno, todo lo contrario. Lo dice con la serenidad de quien conoce el valor de lo que hace. “Pero una pizza es una pizza, a cada uno le gusta de una manera”, reconoce. La gran diferencia de su establecimiento la marcan los cuidados detalles: la luz natural que entra por los ventanales, la cantante italiana cuya voz engrosa el aire, la decoración mediterránea y risueña, la amabilidad de los camareros y el ambiente distendido. “Todo eso hace que la gente pase un buen momento y se acuerde de nuestra pizza”, se enorgullece el italiano.Hace unos años, Ciro desembarcó en Procida y se encontró de pronto con una hermosa mole de fachadas rosas, azules y amarillas que caían hasta el mar. Eran las fiestas de la isla napolitana, cenó pizzas y cerveza con amigos frente al Santuario di Santa Maria delle Grazie. La gente iba y venía, bailaba, en un balcón un hombre tocaba la guitarra. Se divirtió mucho. Y cuando un tiempo después tuvo que decidir qué tipo de restaurante quería, cogió ese recuerdo y lo elevó a su máxima potencia. “Yo quiero que mi restaurante sea sobre todo un lugar donde la gente entra y tiene el mejor momento de su día”, dice.Ciro Cristiano, propietario de BaldoriaBaldoriaBaldoria significa ‘jarana’ en italiano y es el resultado de coger, como con una pinza sobre un mapa, a un niño que con nueve años ya sabía que quería dedicarse a la restauración, hacerlo crecer en un barrio popular y auténticamente napolitano, llevarlo después al centro de París para trabajar en restaurantes con estrella Michelin y hoteles de cinco estrellas, ponerlo a viajar por el mundo y, por último, dejarlo caer en Madrid para descubrir a dos señoras chupando cabezas de gambón. Fue esa imagen la que le hizo percatarse de que en Madrid se encontraba el tipo de clientela que necesitaba para el restaurante que soñaba. “Me quedé emocionado. Entendí cómo vivís: quiero saborear cabezas de gambón y no me importa si es poco elegante. Me dije, quiero vivir aquí”.Algún que otro italiano le ha reprochado que en Baldoria no se sirven pizzas napolitanas tradicionales. No le preocupa; ya lo sabe. Su cocina es el reflejo de un equipo de italianos que dejó la bota para nutrirse de otras influencias. En su carta conviven un tiradito y croquetas con pizzas como la Pipa d’Oro –con jamón Joselito Gran Reserva– o la Bufala Fest, su gran emblema: una reinterpretación de la margarita con salsa de tomate aromatizada, parmesano en finísimas láminas crujientes y una mozzarella de búfala que se añade después del horno. “Yo soy cocinero de base, no es el típico restaurante bonito y ya. Todo lo que vas a comer está hecho aquí”. La cocina está abierta al público, orgullosa. Únicamente la masa se prepara, por razones de espacio, en un obrador amigo, Panadaríø.Comedor del restaurante madrileño BaldoriaBaldoriaAdemás de Baldoria, Ciro gestiona la marca Beata Pasta, una costilla escindida de la galardonada pizzería, con la misma pasta fresca, pero más asequible. De estos locales hay nueve en la capital. Baldoria, en cambio, solo hay uno. “Es el restaurante con el que he soñado toda mi vida, nace de una idea que no puedes replicar. No puedes hacer que sea el mejor momento del día de alguien si hay diez Baldoria en la misma ciudad”, señala. Y esas palabras parecen indicar que ya ha cumplido su gran aspiración, pero al terminar la entrevista Cristiano comenta: “Abrir un Beata Pasta o un Baldoria en Barcelona me encantaría”. No es un sueño, dice, es una declaración de intenciones.